Zach LaVine o el loco lindo sin carácter divino

Parecía imparable. Fue imparable. Sus puntos subiendo en el boxscore de la pantalla que cuelga del techo del State Farm Arena dejaban boquiabiertos a los pocos miles de espectadores. Ante la impotencia, un padre le recordaba a su hija: “Algo así nos pasaba cuando él jugaba”. Mientras tanto, apuntaba para arriba, otorgándole una índole divina a quien hizo divinidades sobre los suelos de madera hace ya unos cuántos años.

Uno, dos, tres triples. No había quien lo detenga. Cuatro, cinco, seis, siete. 39 puntos metió en la primera mitad. Un loco. Es así, era un loco. ¿Cómo vas a meter siete triples en una mitad? ¿Cómo vas a meter 39 tantos en una mitad? ¿Estamos todos locos? Quizás sí. Una locura linda y contagiosa para una época que lo contagioso es malo.

Caete encima de su rodilla”, les exigía algún hincha imberbe y frustrado a los vestidos de negro para la ocasión. Ellos hicieron caso omiso. No necesariamente porque estuviese mal, sino porque sabían que éste loco no tiene el carácter divino de aquél otro que el padre no se cansaba de recordar. “El mejor de la historia”, le insistía a su hija.

También desistieron porque estaban al tanto de que alrededor del loco no estaban Scottie Pippen, Dennis Rodman, Horace Grant o Toni Kukoc. Y que, en el banco, tampoco estaba Phil Jackson. Sí estaba Nikola Vucevic, quien aún no acaba de conocer.

El panorama para Atlanta pudo ser peor sobre el descanso. Los 13 puntos de desventaja, con el loco encendido como estaba, parecía negocio. Y lo fue.

Al retorno, el éxtasis, la locura y el fuego se diluyeron. Volvió, más bien, a su normalidad que, para cualquiera de quienes miran desde las tribunas, sería más locura.

Entonces, apareció el otro loco, de baja estatura y calvicie incipiente, tal vez un poco menos loco, pero mejor acompañado. Como el anterior, él sumó sumó sus puntos, pero también repartió la naranja con los suyos. Fue clave: entre el apaciguamiento del visitante y el brillo del pequeño, los locales pasaron al frente y terminaron por confirmar el triunfo en los últimos doce minutos.

«Esto, meter cincuenta puntos y perder, a él no le pasaba», le indicó el padre a su hija mientras apuntaba su dedo índice hacia el cielo nocturno de Atlanta.

*Crédito foto de portada: Twitter NBA History.

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