Tres décadas de Facu

En el grupo de WhatsApp de De Faja pidieron que alguien escribiera una nota “emotiva, literaria, de colección, épica y antológica” por las tres décadas de Facu. Pero a decir verdad, dudo que este breve texto llegue a cumplir con tan utópicas características. Igualmente acá estoy, tratando de sacar algo, porque el legado de Facu se lo merece.

Porque estamos hablando de un chico que, con 20 años y panza, tal como lo describió Ginóbili en Londres 2012, le puso un tapón a una leyenda de la NBA como Kobe Bryant. De un chico que fue contratado por el Real Madrid, pero que al poco tiempo fue cedido por no contar con minutos en el equipo.

Del chico que lideró al Murcia a Playoffs de la ACB, y que le complicó la historia en primera ronda al mismo equipo que lo cedió años atrás. Y que luego cuando volvió, dio cátedra de su talento, ganando de todo al mando del mejor equipo de baloncesto español.

Es ese chico que después de clasificarnos a los Juegos Olímpicos de Río 2016, se emocionó tanto que no podía decir dos palabras juntas. Incluso es el mismo que nos metió ante todo pronóstico en una final del mundo en China 2019, enfrentando y derrotando a potencias como Serbia y Francia en el camino.

Estamos hablando del mismo chico que hace poco, a pesar de ser argentino, ganó contra tantos españoles el premio de mejor jugador de la década de la liga española. Y es el mismo que hoy, 23 de marzo, juega contra Orlando Magic, como el segundo base de Denver Nuggets, un equipo contender que el año pasado se quedó a las puertas de la final de la NBA.

Y lo mejor de ese chico, es que después de tantos años, lo único que cambió fue que le bajó la panza y le aumentaron los logros y la edad, porque su esencia sigue siendo la misma que lo llevó a los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Esa esencia que conforma un estilo de juego que es cada día más atípico en este deporte lleno de tiros espectaculares y volcadas de altos vuelos, pero que alcanza para motivar a esos chicos que dejan de lado las estadísticas y se preocupan por dejar todo en cada pelota para que el equipo consiga la victoria.

Para motivar a esos chicos que no fueron dotados con los preciados 185 centímetros o con esas capacidades para volar o anotar tiros imposibles. Para demostrarles que no todo es cuestión de talento, sino que también hay lugar para los que prefieren renunciar al show y dejar todo en el parquet por el bien colectivo. Después de todo, de eso se trata el legado de Facundo Campazzo.

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