Transmigración

Dícese de la palabra transmigración, según algunas doctrinas filosóficas como el Platonismo o el Budismo, que es el viaje que realiza el espíritu entre los cuerpos que anima momentáneamente, mientras dura su vida y deba cambiar nuevamente. Este espíritu es el que nos da la razón y los sentimientos, y también puede ser conocido como el alma que hay en cada cuerpo.

Se podría marcar el 4 de septiembre de 2002 como la fecha de nacimiento de un alma que representa al baloncesto nacional. La joven Argentina se enfrentaba a la temible Estados Unidos en un partido que, a priori, pintaba ser una mera exhibición. Por ejemplo, el Puma Montecchia le había dicho a Manu Ginóbili que Paul Pierce le iba a hacer 30 puntos esa noche. Todos se hacían esos chistes, porque la victoria parecía imposible. Sin embargo, cuando entraron al vestuario minutos antes de comenzar el cruce, el estado de Rubén Magnano, entrenador de aquel equipo, era totalmente diferente al de sus jugadores.

Uno de los tantos festejos de aquel 2002.

“Ningún entrenador en la faz de la tierra deja de tener la esperanza de lograr una victoria. Yo creía que el equipo estaba para competir y mi deber como técnico era insuflar esa confianza”, dijo Magnano años después. Él les hizo creer que podían jugar de igual a igual ante la máxima potencia, que cosechaba 58 triunfos consecutivos desde 1992.

Pasada esa charla estratégica, la cual fue casi igual a todos los otros partidos del torneo, los muchachos salieron al túnel del Conseco Fieldhouse para ingresar a la cancha. No sin antes romper el silencio que acostumbraban oír los estadounidenses en sus rivales en la previa de los partidos. Ellos solían ser los focos de atención, pero unos enloquecidos argentinos los pusieron en un rol secundario. 

En un partido que requería de un 150% de concentración y un 200% de esfuerzo, fue victoria 87 a 80 para Argentina. Historia pura, ya que fueron los primeros en derrotar al famoso Dream Team creado en los JJOO de Barcelona 92. Sin embargo, en la final de aquel torneo, Yugoslavia se consagraría campeón.

Lo bueno es que dos años después hubo revancha en Atenas, ya que consiguieron la de oro en un torneazo histórico. Igualmente, detenerse en este Juego Olímpico es innecesario, ya se dijo todo lo que se puede decir, así que pasamos a Río 2016.

Manu Ginóbili, Chapu Nocioni, Carlos Delfino y Luis Scola eran los últimos integrantes de aquel oro en Atenas, y los JJOO de Río tenían olor a despedida. Después de todo, de esos cuatro, dos se retiraron tras la derrota ante Estados Unidos en cuartos, y uno no volvió a jugar más con la casaca albiceleste. Solo quedó Luis Scola y varios pibes destinados a cargar con el legado de la Generación Dorada.

¿Era un desafío complicado? Si. ¿Imposible? Capaz que también. Pero hacer verosímil lo inalcanzable es de lo más argentino que hay. En un proceso duro y con la guía de Luifa en la cancha, una nueva generación trabajó meses para mantener al país en la cima del baloncesto internacional.

¿Lo curioso en todo esto? Que Scola, quien también integró el equipo de Indianápolis 2002, dijo meses antes de viajar a China para disputar el mundial, que veía cosas parecidas a los inicios de la Generación Dorada, pero que no significaba necesariamente que en la cita mundialista iban a llegar a la final.

Pero, ¿qué tal? Llegaron y le dieron otra plateada al básquet argentino ante todo pronóstico. Y eso, además de ser logro de los nuevos jugadores, se debe a aquella alma, aquel espíritu para pelear lo inalcanzable, que se creó el 29 de agosto de 2002 en el plantel de Magnano y que transmigró a la nueva generación del Oveja Hernández. Capaz que el eterno capitán jugó tanto para que los más jóvenes recibieran de su parte el mismo espíritu que se creó hace 20 años.

«No perdimos la de oro, ganamos la de plata». Mítica frase del Oveja tras la final mundialista, tenía bien claro que habían superado las expectativas.

Al igual que la GD, El Alma jugará unos Juegos Olímpicos dos años después de conseguir la plata en un mundial. No obstante, estos 4000 caracteres no quieren decir que el equipo repita la gesta de hace 17 años. Es muy difícil, porque desde la fase de grupos los rivales son muy difíciles. Aún así, aquel espíritu creado en 2002 y que transmigró a la nueva generación, da la ilusión y la posibilidad de soñar con que la bandera argentina repose en lo más alto al finalizar el torneo de baloncesto, porque hacer posible lo imposible quedó en la historia como algo bien argentino.

Juan Honeker

Estudiante de periodismo deportivo en Tea y Deportea. Jugaba al básquet y algunos dicen que me retiré por malo, pero prefiero decir que me lesioné la rodilla. Ahora solo escribo. Twitter: @HonekerJuan / Instagram: @Jumaahoneker

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