TJ McConnell, el aguatero oportunista

¿Por qué aguardamos el deceso de nuestros próceres e ídolos para honrarlos? ¿Por qué no les decimos a nuestros seres queridos cuánto los apreciamos? Intrínsecas e inentendibles cualidades del ser humano, como escribir un artículo sobre un jugador que viene de marcar el undécimo triple doble con robos de la historia, entre otras plusmarcas baloncestísticas. Oportunista de mí. Oportunista de Timothy John “TJ” McConnell, lúcido tanto para capitalizar los errores de sus contrincantes como para aprovechar sus luchadas chances de hacerse un hueco en la NBA. Se hace camino al andar, decía el cantautor español Joan Manuel Serrat.

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Ese sinuoso camino se debe remontar irremediablemente a Pensilvania. TJ nació en marzo de 1992 en Pittsburgh, la segunda ciudad más poblada del estado, pero su relación con The Keystone State, por su importancia en la etapa fundacional de los Estados Unidos de América, se remite a múltiples vínculos familiares. Su tía Suzie McConnell-Serio, campeona olímpica y mundial y ex jugadora de la WNBA, fue All American en la Universidad de Penn State (1984-88) y regresó a sus pagos para convertirse en la entrenadora de las universidades de Duquesne (2007-13) y Pittsburgh (2013-18).

Kathy, otra tía del jugador de los Pacers, también se desempeñó en la dirección técnica del equipo local de college, mientras que Tom y Maureen son otros familiares de TJ que tuvieron cortos pasos por el deporte de la pelota naranja. Sin embargo, quizás la influencia más fuerte haya sido la de su padre, Tim. Desde pequeño, TJ acudía a los entrenamientos del Chartiers Valley High School, donde su progenitor se desenvolvía como head coach al punto de convertirse en un histórico de la disciplina local.

Allí pasó el joven de 185 centímetros su etapa de escuela secundaria, con un clímax en su último año: con surrealistas promedios de 34.2 puntos, 8.2 rebotes y 9.1 asistencias guió al equipo a la final estatal, además de hacerse con cuanta distinción individual se le pusiera enfrente. Pero había un problema… TJ no medía a la sazón 1.85m, su altura actual, sino que apenas pasaba los 170 centímetros y los 55 kilogramos en un deporte dominado por gigantes. Ni el más optimista imaginaba que su carrera podía decantar en la NBA. Y se lo hicieron saber repetida y cruelmente.

TJ McConnell
TJ en su primer y último año de high school, respectivamente – Créditos de Tim McConnell vía NBA

Y aquí aparece uno de los nombres importantes en su carrera, Ron Everhart, el entrenador de la Universidad de Duquesne. Tras extenderle una prematura beca al joven prospecto, Ron debió afrontar las dudas y críticas de la comunidad. El diario Pittsburgh Post-Gazette tituló el 21 de octubre de 2007 “No es broma, el entrenador de los Dukes quiere a McConnell”. Un fanático del equipo universitario le envió un mail a Everhart con la siguiente frase: “No sabía que contratábamos aguateros (waterboys)”. Sin saberlo, McConnell anticipó a Michael Jordan en el documental The Last Dance: era todo lo que necesitaba.

“Salimos de allí y TJ dijo ‘¡Les mostraré quién es el aguatero!’ Usa eso como motivación hasta el día de hoy”, recuerda Everhart, que convocó al jugador y a su padre a su oficina para mostrarles el correo que había recibido. El hombre en cuestión heredó el fuerte carácter en la cancha de su papá, quien también se desempeñó a nivel universitario como jugador. Si algo llevó a TJ a establecerse en la NBA, es su espíritu de lucha, el mismo que tiene a su hermana Megan jugando en Duquesne. Sin embargo, no todo es color de rosas: este férreo espíritu competitivo lo llevó a no hablarse durante días con su padre por cuestiones relativas al equipo que Tim dirigía.

Después de su gran rendimiento como senior, TJ recibió ofertas de universidades más importantes, pero ratificó su compromiso con Duquesne, ubicada a diez millas de su casa. Fue elegido como Freshman of the Year de la conferencia atlántica, merced de sus promedios de 11.4 puntos, 4.4 rebotes, 5.5 asistencias y 2.8 robos, la tercera mejor marca del país, además de integrar el tercer all-conference team y el equipo defensivo del año en la Atlantic 10. Pero TJ, terco como pocos, quería más y así lo hizo saber.

Durante el final de su segundo año en Duquesne, fue a ver con su padre un partido de NCAA entre Ohio State y Gonzaga y puso el foco sobre Aaron Craft, base de características similares a las suyas. “Creo que quiero jugar a un nivel más alto. Quiero jugar en el torneo de la NCAA. Voy a intentar transferirme”, expresó. Pese a encontrarse a un buen nivel en un equipo de la Division I, Duquesne no le ofrecía a TJ la posibilidad de codearse con los mejores, por ejemplo, en el prestigioso March Madness. Para sorpresa de Tim, su hijo apuntaba bien alto.

McConnell reconoce que lo más difícil fue comunicarle la decisión a Everhart, el primer entrenador que había confiado en él, pero estaba convencido del desafío que quería asumir. “Mirando en retrospectiva, arriesgarme fue una de las mejores decisiones que tomé”, expresó hace un par de años. Sabía que las oportunidades de competir en el mayor escenario no abundaban, pero el chico de segundo año estaba listo para dar un paso importante en su carrera.

TJ McConnell
McConnell, en Arizona, haciendo gala del ímpetu defensivo que lo caracteriza – Jonathan Ferrey / Getty Images

Pese a tener un perfil bajo, el base se había ganado cierta reputación nacional como para generar algún tipo de interés. Visitó Virgina y Arizona y quedó tan encantado en ambos lugares que canceló los reclutamientos que aún tenía pendientes. En una decisión que siempre implica ponderar un montón de factores, TJ eligió el desierto de Arizona, donde el entrenador era Sean Miller, nativo del área de Pittsburgh y otrora destacado base de la universidad local.

McConnell quedó fuera del resto de la temporada 2012/13 por cuestiones burocráticas relativas a la política de transferencias, pero aprovechó el parate para ganar tamaño y fuerza y, según Miller, su intensidad defensiva en los entrenamientos hizo mejor a sus compañeros. Quizás las palabras de Tim definan a la perfección el carácter de su hijo: “No es muy arrogante ni un chico engreído, pero cuando piensa en algo, realmente lo persigue. La motivación para él era que la gente pensaba que no podía hacerlo”.

“Cuando la gente decía eso, quería que siguiera diciéndolo. Es el tipo de persona que quiere demostrarle a la gente que está equivocada. Él tiene ‘eso’. ¿Qué es ‘eso’? Es difícil de explicar, pero es algo especial”, indica quien tenía algunas dudas sobre las chances de su hijo de rendir al siguiente nivel. Durante sus dos años en Arizona, arrancó como titular todos los partidos junto a importantes reclutas de la talla de Stanley Johnson, pick asegurado de lotería en 2015 (NdR: #8 por los Pistons).

McConnell se encargaba de defender al mejor jugador perimetral del rival, mientras que su criterio en ataque le permitía discernir cuándo tocaba anotar y cuándo era conveniente asistir. “Intento hacer la jugada correcta y hacer que los que me rodean sean mejores”, afirma TJ, dejando en claro una de las claves que lo llevaron a asentarse en la liga más competitiva del mundo.

TJ McConnell
TJ McConnell se convenció de un cambio de universidad mientras observaba un partido – Greg Wahl-Stephens / Foto AP

En sus dos temporadas, ayudó a los Wildcats de Arizona a acudir al Elite Eight de la NCAA -aunque no consiguió el ansiado título nacional- e integró quintetos All Pac 12 y defensivos, una de sus especialidades por su gran visión para cortar líneas y robar o palmear balones. Además, rompió récords de asistencias en Tucson y se ganó constantes elogios de Miller, hijo de un emblemático entrenador conocido de su padre, quien lo comparó con Juan José Barea y John Stockton.

Además de ser un competidor duro, siempre destacó por su gran compañerismo, algo que comentan sus compañeros a nivel colegial y profesional, como Malcolm Brogdon. Pero ni las distinciones individuales ni su espíritu competitivo alcanzaron para que TJ fuera seleccionado en el Draft de 2015. Es más, ni siquiera fue invitado al Combine de Chicago, aunque su agente Chris Emmons consiguió que volara a la ciudad de los vientos por si alguien se bajaba, situación que se dio y le permitió a su representado destacar en los entrenamientos. Sí, McConnell siempre fue un oportunista.

Por la buena impresión que generó, participó en más de veinte entrenamientos previos al Draft. No obstante, no fue reclutado por ninguna de las treinta franquicias de la liga. Pese a que se ilusionaba con ser elegido en la segunda ronda, eso no sucedió. La profunda reconstrucción (léase tanking) de los Philadelphia 76ers, llamada The Process, le abrió una puerta para volver a mostrarse. TJ venció a media docena de bases y se ganó un lugar en el roster de los Sixers. Siempre se vuelve a Buenos Aires Pensilvania, decía Ástor Piazzolla.

“Si hubiera ido a un equipo que no estaba pasando por un proceso como ese, no estoy seguro de estar aquí”, reconoce McConnell, que prácticamente no había soñado de niño con llegar a la NBA. En poco tiempo, se convirtió en uno de los jugadores más queridos de la afición y, principalmente, de sus compañeros. Sin perder su humildad dentro y fuera de la cancha, su carisma lo hizo ganarse el aprecio de sus pares, al punto de que Joel Embiid llegó a compararlo con Michael Jordan por una imagen y su capacidad para agigantarse en el clutch.

TJ McConnell y Joel Embiid
Los robóticos bailes de TJ McConnell se hicieron moneda corriente en la previa de los partidos de los Sixers

En Philly pasó los primeros cuatro años de su carrera profesional, completando 314 partidos de temporada regular y 19 de playoffs, donde el éxito todavía no se alía con los 76ers de Joel Embiid y Ben Simmons, hoy comandados por Doc Rivers. Solo necesitó de cuatro partidos en la organización de la ciudad del amor fraternal para salir como titular y acarrerar partidos consecutivos con 12 asistencias. Eso es TJ McConnell: trabajar duro, utilizar las dudas como motivación, ser competitivo al máximo, aprovechar las oportunidades y jugar con una sonrisa en la cara para hacer mejores a sus compañeros.

En julio de 2019, firmó como agente libre un contrato con Indiana Pacers por dos temporadas a cambio de 7 milones de dólares, casi el doble de lo que había acumulado en su primer cuatrenio en la NBA con la camiseta de los Sixers. Como siempre, el camino no fue sencillo, pero poco a poco se fue haciendo un hueco en la consideración de Nate McMillan. Sus números no distan mucho de los de Philadelphia -de hecho, en sus seis temporada promedió entre 6.1 y 6.9 puntos-, pero su impacto se está sintiendo en el equipo de Nate Bjorkgren.

Durante la 2020/21, después de quedar eliminado en la burbuja con Miami Heat en la primera ronda de playoffs (¡donde compartía equipo con sus ‘tocayos’ Warren y Leaf!), se convirtió en una referencia de la segunda unidad de los Pacers. Su intensidad defensiva y su facilidad para encontrar a compañeros abiertos lo consolidaron como un jugador clave de la rotación, aunque recién un par de noches consagratorias lo elevaron a la consideración nacional que alguna vez había tenido en Philadelphia.

El sábado 27 de febrero, llegó a las 2000 asistencias de su carrera. Esa noche, en el Madison Square Garden, la meca del baloncesto, disputó 46 minutos y 20 segundos, récord personal, y finalizó con 17 puntos, 6 rebotes y 12 asistencias. El +- perjudicó al equipo cuando no estuvo sobre el parqué y perdieron ante los Knicks, pero algo importante se estaba gestando a partir del nivel de confianza que manejaba McConnell, siempre criterioso en la duela.

“Me sentí bien. Ciertamente, cuando juego tantos minutos, no puedo ocupar toda la cancha en cada jugada, tengo que elegir mis lugares”, afirmó un humilde TJ tras el encuentro en el que había reemplazado a Malcolm Brogdon. Además de su importancia en el esquema ofensivo y defensivo de los Pacers, McConnell trascendía por llegar a la cúspide de robos en la liga (actualmente, 2 por partido, récord de su trayectoria). Curiosamente, el último en hacerlo desde el banco es su ex entrenador Nate McMillan en la temporada 1993/94.

Pero al jugador de 28 años todavía lo esperaba su mejor versión. Y ese clímax llegó el miércoles 3 de marzo, justo antes del receso por el All Star Game. En el primer tiempo en Cleveland, TJ robó 9 balones, estableciendo un récord de la NBA para una mitad. Aunque no pudo alcanzar la marca histórica de 11 en un partido de Larry Kenon (1976) y Kendall Gill (1999), logró un extraño triple doble con 16 puntos, 13 asistencias y 10 robos.

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Repasando algunos números de esa noche antológica, se convirtió en el undécimo jugador en hacer un triple doble con robos -el primero de un suplente- y en el sexto en lograr un triple doble con un 100% de efectividad de tiros (anotó los 8 tiros que lanzó). Además, se transformó en el sexto con uno de puntos-asistencias-robos y el primero desde Mookie Blaylock en 1998, mientras que, combinando estadísticas, consiguió el primero con robos y un 100% de acierto en tiros de campo.

“Los muchachos me bañaron con agua después del partido, pero no recuerdo mucho de eso porque hacía mucho frío. No fue agradable, pero fue agradable al mismo tiempo, si eso tiene algún sentido”, expresó un risueño TJ tras el partido que finalizó con victoria por 114-111 para los Pacers, que se encuentran décimos en la Conferencia Este con 16 victorias y 19 derrotas. Pese al irregular momento del equipo de Indianápolis, tan solo dos partidos y medio lo separan del cuarto clasificado del reñido sector oriental, Boston Celtics (19-17).

Tras 32 partidos -se perdió tres de la primera mitad por cuestiones personales-, McConnell promedia 6.7 puntos, 3.7 rebotes, 6.8 asistencias, 2 robos (líder de la liga) y 0.4 tapones, estos últimos cuatro apartados récords personales, en 25.3 minutos por juego. También está teniendo el mejor porcentaje de tiros de campo de su carrera (53%), aunque sigue sin destacar en el triple (32% con pocos intentos), razonable al no tratarse de un tirador. Quizás sus números no disten mucho de los de su carrera (6.4p/2.9r/4.9a/1.2s/0.2b en 21.7′), pero TJ parece completamente asentado en Indiana, donde se ganó un espacio de lujo en la segunda unidad de Bjorkgren.

“Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria”, continúa Serrat en su emblemática canción. Golpe a golpe, verso a verso es la carrera de McConnell, un aguatero que luchó contra los prejuicios que se acumulaban en torno a sus condiciones físicas y se convirtió en profesional por su perseverancia y determinación. Siempre que se presentó la oportunidad, TJ estuvo ahí, al acecho, para aprovecharla y sacarle todo el jugo. Lo hizo en high school, en college, en el Combine, en la Summer League de 2015 y en la NBA.

Al andar se hace camino
Y al volver la vista atrás
Se ve la senda que nunca
Se ha de volver a pisar
Caminante no hay camino sino estelas en la mar

Pero si esta chance no apareció por obra de magia o por un evidente talento, él la buscó. Por eso, en su segundo año de NCAA, giró el timón y dejó la zona de confort en Duquesne para perseguir el sueño en Arizona. Quizás, pensándolo bien, el oriundo de Pittsburgh, Pensilvania tenga más de oportunista que de aguatero. Y por eso hoy llama la atención de los principales medios estadounidenses con sus destacadas actuaciones. Nunca lo soñó, pero allí está. Y bien merecido lo tiene, a base de intangibles, intensidad defensiva para robar o desvíar balones (también lidera la liga en deflections con 3.9 por noche) y forzar tiros, disciplina, compañerismo y un IQ basquetbolístico inmenso.

“Es un competidor único. Es adorable como compañero de equipo, porque juega muy duro. No es que sea el infravalorado, es más su estilo lo que amás y abrazás. Lo hace en defensa y en ataque. Es totalmente desinteresado y en el mundo de hoy no hay muchos tipos así”, dijo Miller, uno de los hombres clave en su carrera, junto a Everhart y su padre Tim, después de que TJ le revoleara una Gatorade a un fanático que lo insultaba. Por muchos más oportunistas como Timothy John McConnell. Ah, y yo, por mi parte, les juro que empecé esta nota antes de la noche del triple doble.

TJ McConnell - Indiana Pacers
Sin aspirar a promediar 15 puntos por partido o ser un All Star, TJ siempre lo tuvo bien claro – Foto de la NBA

*La foto principal es de David Liam Kyle/NBAE via Getty Images. Se utilizaron como fuentes indispensables notas de los Pacers, The Washington Post y la NBA, además de Wikipedia y Basketball Reference.

Iván Fradkin

Lo que mejor hago es escribir. Escribo como el orto.

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