Un palacio lleno de historia

Fueron cuatro segundos. Quizás cinco. El sábado 11 de julio, alrededor de las ocho de la mañana hora local, y con más de cien curiosos espectadores que se habían acercado a unas prudentes inmediaciones de lo que quedaba del estadio, 800 libras (un poco más de 350 kilogramos) de dinamita implosionaron The Palace of Auburn Hills. Está claro que constituyó el tiro de gracia, ya que solo quedaban vestigios del que fuera uno de los pabellones más emblemáticos de la NBA. Sin embargo, este remate que llenó de escombros un trozo de historia desató la nostalgia de los fanáticos deportivos del estado de Michigan.

Así fue la implosión controlada de The Palace of Auburn Hills
Infraestructura previsora

Tras dividir años entre el Olympia Stadium y el Cobo Arena, ambos en Detroit, los Pistons incursionaron de lleno en las afueras de la ciudad que le da su nombre a la organización. Durante una década (1978-88), el Pontiac Silverdome albergó los partidos de la franquicia automotriz. Este estadio, creado específicamente para la disputa de partidos de fútbol americano, fue por veinticinco años el de mayor capacidad de la NFL (+80.000 espectadores) y hasta fue una de las sedes del Mundial de fútbol de 1994.

No obstante, como uno podría imaginar, el pabellón ofrecía líneas de visión deficientes para el básquet, punto que generaba malestar entre los aficionados. A fines de 1985, desde el seno propietario de la franquicia decidieron construir un nuevo estadio. The Palace fue el primer estadio financiado íntegramente por fondos privados. Bill Davidson, propietario de los Pistons, y dos socios desarrolladores se encargaron de sustentar la cifra de 90 millones de dólares (un poco inferior a 200 millones actuales), algo baja para el pabellón que se había creado.

Una de las novedades de su construcción fue la inclusión de 180 suites de lujo, número considerado absurdo en el momento de su inauguración. Estas, que con el paso de los años se convirtieron en 193, fueron una de las principales razones por las que el pabellón trascendió durante tres décadas. Fue considerado el primer estadio moderno y su esquema constituyó un modelo para la sucesión de nuevos pabellones de la década del noventa. Rápidamente se convirtió en uno de los estadios más antiguos, ya que otros creados contemporáneamente (Charlotte, Miami, Milwaukee, Sacramento) quedaron obsoletos por la falta de características lucrativas y de ingreso que representaban la inclusión de suites de lujo y asientos de club. Esto le brindó un éxito financiero que le permitió seguir siendo competitivo, incluso situándose en un área suburbana.

Aunque su diseño previsor le permitió mantenerse a la vanguardia y sin envidiarle nada a sus ‘pares’, la empresa Palace Sports & Entertainment debió realizar costosas actualizaciones en 2005 y 2015, esta última ya bajo la propiedad de Tom Gores. La total venta de las suites fue uno de los motivos por los que The Palace se convirtió, junto al Madison Square Garden, en los únicos estadios de la liga sin un nombre patrocinado. A pesar de que los años previos a su desuso la franquicia automotriz lo intentó, nunca llegaron a buen puerto, por lo que su nombre auténtico nunca fue acompañado. Además, hasta sus últimos días fue el pabellón con más capacidad de la NBA, superando el espacio para 22.000 espectadores. Hoy, ese privilegio lo tiene el United Center de Chicago.

The Palace fue la casa de los Pistons durante tres décadas – Mark Cunningham/Getty Images

Durante sus treinta años de actividad, The Palace of Auburn Hills fue por más o menos tiempo la casa de los Detroit Pistons (NBA), Vipers (IHL), Safari (CISL), Whalers (OHL), Rockers (NPSL), Shock (WNBA) y Fury (AFL). Esta sucesión de siglas, en algunos casos inentendibles, representa la importancia que tuvo para la el estado de Michigan. Una de sus particularidades era que modificaba el nombre de la dirección cada vez que un equipo de básquet de la ciudad levantaba un título. Así, desde la última alegría de los Shock, en 2008, se situó en 6 Championship Drive, representando sendos tres anillos de las ramas masculinas y femeninas. El título de los Vipers (1997, hockey sobre hielo) no se manifestó en el número de domicilio.

Impacto inmediato: bicampeonato e identidad

Si de impacto inmediato se habla, debemos referirnos al palacio situado en la localidad de Auburn Hills, a 40 kilómetros hacia el norte de la ciudad de Detroit. 21.454 personas presenciaron el 5 de noviembre de 1988 la victoria por 94 a 85 frente a Charlotte Hornets, en lo que fue la primera presentación en el pabellón. Esa temporada regular, los Pistons ganaron 37 de los 41 partidos que jugaron en casa y finalizaron en la segunda ubicación en el apartado de asistencia de la liga (entre 1984 y 1988, en el inmenso Silverdome, acabaron en el primer lugar). Su mayor racha tuvo lugar entre la culminación de la regular season y el inicio de los playoffs, cuando enlazaron 25 victorias.

El Hornets-Pistons del 5 de noviembre de 1988 inauguró deportivamente The Palace

Tras barrer a los Celtics y a los Bucks sin ningún tipo de dificultad en las primeras rondas de la postemporada, los Pistons se plantaron en las Finales de la Conferencia Este, donde esperaban los Chicago Bulls. A pesar de perder la ventaja de localía en el primer juego de la serie, remontaron y eliminaron en seis partidos al equipo liderado por Michael Jordan. Con tres eliminaciones consecutivas (1987/88/89), la escuadra azulgrana se convirtió en uno de los principales verdugos del mejor jugador de todos los tiempos, quien finalizó su carrera con una marca negativa en el estadio de Auburn Hills.

Luego de superar ese gran escollo, se plantaron en las Finales de la NBA por segundo año consecutivo, nuevamente ante Los Angeles Lakers. Allí, en la cita máxima del básquet estadounidense, se tomaron venganza de la reñida definición de 1988 (agónico 4-3 en contra) y barrieron de modo humillante al equipo angelino, conducido por Magic Johnson, Kareem Abdul-Jabbar y James Worthy. Los Pistons hicieron de The Palace una real fortaleza y se consagraron por primera vez en su historia, de la mano de Isiah Thomas, Joe Dumars (FMVP) y Bill Laimbeer, entre otros,

En los espacios menos recorridos turísticamente, como Detroit, se repite hasta el hartazgo que los mercados pequeños necesitan de equipos estimulantes para llenar los estadios y generar una atmósfera ganadora. Eso es algo que consiguieron los Bad Boys de los Pistons durante el tramo final de la década del ochenta. Viniendo del Silverdome, un estadio tan imponente como lejano, la Motor City encontró en Auburn Hills un lugar donde empujar a sus representantes. La comunión entre un equipo que relegó las cualidades de estrellas para dar mayor importancia al conjunto y una ciudad que, sacando los títulos de 1968 y 1984 de los Tigers (MLB), no festejaba desde la década del cincuenta (Lions en la NFL y Red Wings en la NHL), fue absoluta.

A partir del envión y la efusividad del primer título de la historia de la franquicia, los Pistons afrontaron la temporada 1989/1990 con el mote de candidatos. Los números en casa no se movieron mucho, ya que ganaron 36 de los 41 partidos de temporada regular y acabaron en el tercer lugar en cuanto a asistencia. Las dos primeras series de postemporada no significaron gran dificultad y los automotrices dejaron atrás a los Pacers (3-0) y a los Knicks (4-1), ganando los cinco partidos en Detroit. Todo iba viento en popa para la Motor City.

Días después, llegó una histórica eliminación a los Bulls: fue 4-3 con victoria del equipo local en los siete juegos. Un recordado triunfo en el palacio sentenció una serie que ya se había convertido en clásico, con un Isiah Thomas espectacular. Una derrota en overtime ante los Trail Blazers en el segundo juego de las Finales fue la única frustración en el palacio en once presentaciones durante esos playoffs. Con una marca de 4-1, los Pistons vencieron a los de Oregon y se consagraron bicampeones de la NBA, esta vez con Thomas como MVP de las Finales, dándole lugar a una de las grandes dinastías de la historia del básquet.

Durante estos años, se desarrolló en torno a los Pistons una identidad inquebrantable. Ese esfuerzo físico y de equipo, en algunas ocasiones llevado hasta el límite, acompañó al equipo en sus mayores años de éxito. Seguramente la identificación de una ciudad trabajadora y fuera de las luces hollywoodenses fue la que la unió con un equipo que puso al distrito en los primeros planos deportivos. A pesar de bajar la cosecha de éxitos durante los años posteriores, el palacio se siguió llenando, ubicándose en la segunda posición de asistencia también en 1991, 1992 y 1993. Hasta 1999, pese a la austeridad deportiva, finalizaron entre los diez primeros en ese apartado, un logro importante para un mercado chico y un estadio ubicado en las afueras de su ciudad nuclear. Ese éxito se vio interrumpido solo en 2000 y 2001, justo antes de un nuevo auge de la franquicia.

Las diez mejores jugadas de los Pistons en Auburn Hills
Momentos grises: el no saludo

No sería correcto indicar que la temporada 1990/91 fue mala para los Pistons. 32 victorias y 9 derrotas en condición de local y eliminaciones a los Hawks (3-2) y Celtics (4-2) depositaron al equipo en las Finales del Este. Sin embargo, la dominación no era la de los años previos, y los Bulls de un Jordan que estaba listo para pasar al siguiente nivel hicieron añicos el sueño del three peat. La barrida se consumó en The Palace y quedó inmortalizada con una controversial imagen. Cuando quedaban menos de diez segundos y la eliminación era un hecho (el cuarto juego finalizó 115-94), el banquillo, liderado por Isiah Thomas, se retiró del pabellón sin saludar a sus rivales.

La imagen generó polémica en el plano deportivo estadounidense y, de algún modo, contribuyó a la imagen de chicos malos que generaron los Pistons durante ese lustro. Recientemente volvió a estar en el centro de la polémica, ya que fue uno de los temas abordados en la serie documental The Last Dance. Es considerado el momento de traspaso de poder de los Bad Boys a los Chicago Bulls de Jordan, que superaron a sus verdugos y se erigieron como la siguiente gran dinastía de la NBA. En las diez temporadas posteriores, los Pistons no lograron superar la primera ronda de playoffs, clasificándose para estos en cinco ocasiones. El equipo se fue desintegrando y, aún con el apoyo del público y algunas apariciones estelares, como la de Grant Hill, se sumergieron en una reconstrucción.

A los 3:30 del video unos Pistons liderados por Isiah Thomas dejan el parqué sin saludar a sus pares de Chicago
Momentos grises: Malice at The Palace

Si de momentos oscuros e imágenes que valen más que mil palabras se habla, es imposible no remitirse al 19 de noviembre de 2004. Una pelea entre jugadores de Pistons y Pacers -los locales habían eliminado a los de Indiana en una épica serie meses antes- en un partido definido, el lanzamiento de un vaso de Coca-Cola Light, como si de una disciplina olímpica se tratara, y la resurrección de la riña derivaron en nueve jugadores sancionados y cargos criminales contra diez personas (5 basquetbolistas y 5 espectadores). A partir de este suceso, que implicó las mayores sanciones en la historia del deporte estadounidense, la NBA ajustó las normas de venta de alcohol en los estadios y reforzó la seguridad entre el parqué y la tribuna.

Es imposible explicar con palabras lo que los videos dejan tan en evidencia. Una de las imágenes más tristes y surrealistas de la historia del deporte:

La batalla campal que se desató el 19 de noviembre de 2004

A una década de la pelea, Dan Feldman lo definió en el sitio Piston Powered como el partido que nunca terminó. A pesar de condenarlo como suceso, afirma que se convirtió en parte de la tradición del equipo. “No es un evento del que estar orgullosos, pero todos lo recordamos. Creo que los deportes profesionales, en su mejor momento, unen a las comunidades. Los deportes rompen barreras y brindan una experiencia compartida a través de momentos inolvidables. Incluso los peores”, finaliza. Y, como uno de los momentos más nefastos de la trayectoria de los Pistons en la NBA, marcó a la franquicia y al estadio.

Pero Karl Marx abrió El 18 brumario de Luis Bonaparte con su famosa frase “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”. Y cuatro años después, una nueva pelea se desató en The Palace, aunque sería absurdo catalogarla como farsa. Sin llegar a los niveles de violencia de su predecesora, la contienda entre Los Angeles Sparks y Detroit Shock, locales allí entre 1998 y 2009, marcó también un precedente en la WNBA. Aunque no tan abultadas, el saldo fue de once sanciones y una grave lesión. Acá, también, las imágenes valen más que mil palabras.

Cuatro años después, con índices de violencia mucho menores, volvió a tener lugar una riña en The Palace
Resurgimiento y Deeeeee-troit-basketball!

Los años sobrios, representados en una baja del interés de la ciudad en 2000 y 2001, se vieron interrumpidos por una nueva ascensión del equipo local. La aparición de John Mason como presentador para la temporada 2001/02 significó, sin saberlo ni buscarlo, una inyección anímica para una ciudad que recordaba con nostalgia los años de gloria. Su popular grito de presentación Deeeeee-troit-basketball! se combinó con los nacientes Goin’ To work Pistons y se tornó intrínseco a la población.

El éxito queda en evidencia con las seis Finales de Conferencia consecutivas de las que fueron parte los Pistons. La barrida en contra en 2003 por parte de los New Jersey Nets fue rápidamente dejada de lado y, tras pasar a los Bucks (4-1), Nets (4-3) y Pacers (4-2), el equipo conducido por Chauncey Billups, Rip Hamilton, Tayshaun Prince, Rasheed Wallace y Ben Wallace (no es broma, el conjunto era la figura) alcanzó las Finales de la NBA por primera vez desde 1990. ¿El rival? Los Lakers, favoritos por contar con Kobe Bryant, Shaquille O’Neal, Gary Payton y Karl Malone. ¿El resultado? 4-1 para los detroitinos, que no barrieron por una victoria púrpura y oro mediante overtime en Los Ángeles. ¿El MVP de las Finales? Chauncey Billups.

Por primera vez, el Larry O’Brien se levantaba en vivo y en directo en The Palace, ya que las anteriores consagraciones habían ocurrido en suelo angelino y portlanense. Con un trabajo grupal que relegó a un segundo plano las individualidades -como la identidad y los antecedentes de la franquicia marcaban-, los Pistons dieron una de las mayores sorpresas de la historia de las Finales de la NBA y apabullaron a un equipo que había campeonado en tres de las últimas cuatro ediciones. Un fantástico partido de 18 puntos y 22 rebotes de Ben Wallace fue la frutilla del postre.

En 2005 volvieron a la cita máxima, pero en el séptimo juego se escapó ante un Big Three de los San Antonio Spurs que ya hacía historia. Un brillante partido de Manu Ginóbili y un triple de Robert Horry en el overtime del quinto partido, en Auburn Hills, fueron determinantes en la serie. En 2006, 2007 y 2008 se sucedieron derrotas por 4 a 2 en las Finales de Conferencia ante Miami Heat, Cleveland Cavaliers y Boston Celtics, respectivamente. Tras la última derrota, una nueva recesión, recién ahora encarnada en una profunda reconstrucción.

John Mason presenta los partidos del equipo en Detroit desde 2002

Durante estos años, en los que se remodeló el estadio, se confirmó la identidad de la franquicia y volvió el éxito a una ciudad que lo añoraba. El grito de guerra fue acuñado por todas las partes y la asistencia volvió a crecer, algo necesario para que un mercado chico pudiera mantener la esencia y, entre otras cosas, no esponsorizar el nombre del pabellón.

En seis temporadas de siete (2002/03, 03/04, 04/05, 05/06, 07/08 y 08/09), los Pistons lideraron la tabla de asistencia de la liga, algo histórico para la ciudad. En la 2006/07, la excepción, acabaron en la segunda posición del apartado, muy cerca de los Bulls. Está claro que la gran capacidad de The Palace lo permitió, pero el compromiso de equipo e hinchada fue total. Para esta época, el caballo Hooper ya se había convertido en la mascota oficial y en parte de la esencia del equipo.

Los dorsales que supieron colgar del techo del pabellón fueron el 1 (Chauncey Billups), 2 (Chuck Daly, entrenador), 3 (Ben Wallace), 4 (Joe Dumars), 10 (Dennis Rodman), 11 (Isiah Thomas), 15 (Vinnie Johnson), 16 (Bob Lanier), 21 (David Bing), 32 (Richard Hamilton) y 40 (Bill Laimbeer). Bill Davidson (dueño) y Jack McCloskey (general manager) también tuvieron sus reconocimientos por sus funciones. Estos elegidos unen a las dos grandes épocas de la historia de los Pistons, la de fines de la década del ochenta y la de comienzos del siglo XXI.

Detroit Shock: éxito contemporáneo y errores de logística

En 1998, se fundó el equipo ‘hermano’ de los Pistons, las Detroit Shock. El conjunto participante de la WNBA también hizo de local durante su estadía en la ciudad en The Palace, pero su comienzo no fue tan auspicioso. Sin embargo, con la llegada de Bill Laimbeer a la dirección, el asunto cambió diametralmente. En la temporada 2002 finalizaron como el peor de los dieciséis equipos y el ex pivot de los Pistons declaró que al año siguiente serían campeonas.

Así, en paralelo a la segunda era dorada de los Pistons, las Shock establecieron como Worst to First su lema, ya que pasaron de un récord de 9-23 (16°) a uno de 25-9 (1°). Tras superar las primeras dos rondas de playoffs, vencieron por 2-1 a Los Angeles Sparks y obtuvieron su primer anillo de la WNBA. Luego de dos años en postemporada, pero sin ganar ninguna serie, volvieron a crecer y obtuvieron otro anillo, en esta ocasión venciendo por 3 a 2 a Sacramento Monarchs en las Finales.

From Worst to First: así ganaron y festejaron su primer anillo las Shock

En 2007 y 2008 volvieron a ser las mejores de la temporada regular y del Este, respectivamente. En el primero de los dos años, sucumbieron en el quinto juego ante Phoenix Mercury, pero la redención llegó al siguiente, cuando barrieron a San Antonio Stars para lograr su tercer título. A pesar de ser uno de los dos equipos con esa cantidad de anillos, el equipo fue relocalizado en Tulsa, Oklahoma. Permanecieron bajo el nombre de Tulsa Shock hasta 2015, cuando se volvieron a mudar y pasaron a llamarse Dallas Wings.

Una curiosidad es que, a pesar de haber finiquitado las tres Finales en Detroit, solo una (2003) vio la gloria en The Palace. Por cuestiones de logística y programación de partidos, en los campeonatos de 2006 y 2008 los partidos finales se disputaron en el Joe Louis Arena y en el EMU Convocation Center, respectivamente, ambos situados en Michigan. Las que sí alzaron el trofeo en el palacio son las Phoenix Mercury (2007). De este modo, solo en una de las seis consagraciones de los equipos de la ciudad el título se consumó en Auburn Hills.

El éxito de las Shock también se vio reflejado en la dirección de The Palace. El número 6 de la calle Championship Drive fue actualizado por última vez en 2008, cuando llegó el tercer anillo del equipo femenino. Como si se tratara de una gloria conjunta, la ciudad de Detroit disfrutó en paralelo del éxito de sus dos equipos profesionales de baloncesto. La mudanza de las Shock -y su fracaso posterior en otras ciudades- coincidió con el de los Pistons, que siguen buscando el rumbo.

Debacle y salida

Después de las Finales de Conferencia de 2008, los Pistons no volvieron a ganar un partido de playoffs. El equipo se desarmó e, irremediablemente, la asistencia del público disminuyó. Un equipo que no contagia en un mercado chico es sinónimo de abandono, y este fue el caso de la Motor City desde 2009. Además, el fallecimiento ese año de Bill Davidson, dueño de la organización desde 1974 -y gran inversor y propulsor del palacio-, profundizó esta crisis, que encontró cierto alivio con la compra de Tom Gores de la franquicia y el estadio en 2011.

Así lucía The Palace – Gregory Shamus/Getty Images

Entre 2012 y 2017, con una importante remodelación en 2015 ($40 millones), los Pistons se ubicaron entre el vigésimo quinto y el vigésimo octavo puesto de asistencia de la NBA. En octubre de 2016, la gerencia empezó a tramitar una mudanza de la localía. Finalmente, la noticia fue confirmada en noviembre y los Pistons jugaron su último partido allí el 10 de abril de 2017. En concordancia con la época de la franquicia, fue con derrota: 101-105 ante los Washington Wizards.

Bradley Beal clavó la daga con dos tiros libres a falta de 16 segundos, mientras que la última canasta fue una volcada de Boban Marjanovic. La primera, treinta años antes, fue cortesía de Kelly Tripucka, un ex jugador de la franquicia que volvía a la ciudad como miembro de los Charlotte Hornets, a la sazón en su temporada de expansión. La organización le vendió la arena a una asociación de la compañía Schostak Brothers Co. y el propio Tom Gores en 22 millones de dólares. Planean construir allí un parque de oficinas de uso mixto.

Los Pistons, por su parte, se mudaron al Little Caesars Arena, un nuevo pabellón de usos múltiples ubicado en el centro de Detroit que costó $862.9 millones. Este fue construido para reemplazar al Joe Louis Arena y albergar los partidos de los Detroit Red Wings, once veces campeones de la NHL. La reubicación de los Pistons tuvo como objetivo ampliar la base de aficionados del urbanismo transitable en Detroit Midtown. Por lo tanto, la ciudad de Detroit se convirtió en la única de todo el país en tener a los equipos de las cuatro ligas profesionales (NBA, NFL, MLB y NHL) jugando en los límites del distrito céntrico. A pesar de un leve incremento de asistencia en el primer año del LCA, la tendencia no se modificó, y en la última temporada el equipo se ubicó en el vigésimo octavo puesto de las posiciones de attendance.

El Draft de 1993 y la ausencia de All Stars

Otro evento deportivo que alojó The Palace fue el Draft de 1993. Las palabras pronunciadas por David Stern, comisionado de la liga, quedaron en el recuerdo de los aficionados de la ciudad. “Buenas noches y bienvenidos al Palacio de Auburn Hills, hogar del dos veces campeón mundial de la NBA, Detroit Pistons. Y, este año, hogar del Draft de la NBA de 1993″. Este fue el único Draft celebrado en el estado de Michigan.

El primer seleccionado fue Chris Webber, jugador nativo de Detroit y que asistió a la secundaria y universidad en Michigan. Otros jugadores destacados seleccionados fueron Penny Hardaway, Jamal Mashburn, Vin Baker y Sam Cassell. Fue considerado un Draft de mucho talento, aunque desperdiciado por las lesiones que afectaron a varios de los jugadores. También fueron elegidos el argentino Marcelo Nicola (puesto 50, Houston Rockets) y dos de los jugadores más altos de la historia de la NBA, Shawn Bradley (2.29m) y Gheorghe Muresan (2.31m).

Un evento que curiosamente nunca se desarrolló en The Palace es el All Star Game de la NBA. La única vez que tuvo lugar en la ciudad de Detroit fue en 1959, cuando el equipo ejercía la localía en el Olympia Stadium. Los co MVP del partido fueron Elgin Baylor y Bob Pettit. Tres jugadores de los Pistons representaron a la Conferencia Oeste (Gene Shue, George Yardley y Dick McGuire).

Los conciertos, una porción de la historia del palacio

Otra de las facetas del estadio de Auburn Hills fue su hospedaje para algunos de los conciertos musicales más emblemáticos de la historia. Para estos, su capacidad llegó a rebasar los 24.000 espectadores. El primero de todos ocurrió antes del debut de los Pistons, el 13 de agosto de 1988, momento en el que el artista inglés Sting inauguró el espacio con la presentación de su disco Nothing Like the Sun. Además, ese mismo año lo llenaron Pink Floyd (dos conciertos para A Momentary of Reason Tour) y Michael Jackson (tres veces con Bad World Tour).

Otros grandes artistas que dijeron presente en The Palace fueron Aerosmith, Van Halen, U2, The Cure, Bon Jovi, Led Zeppelin, Madonna y Prince, dejando de lado emblemas musicales. El cantante local Bob Seger tuvo el privilegio de realizar el último concierto en el estadio, el 23 de septiembre de 2017. Días después, un evento privado de la firma que lo administraba dio por finalizada la actividad administrativa en el recinto. Sin embargo, los Pistons siguieron entrenando y mantuvieron unas oficinas operativas allí hasta octubre de 2019, fecha en la que fue inaugurado el amplio y moderno Henry Ford Detroit Pistons Performance Center.

El rockero local Bob Seger le dio un emotivo cierre al pabellón el 23 de septiembre de 2017
Los últimos meses

The Palace cayó en desuso total en octubre del año pasado, cuatro meses después de su venta. Su implosión estaba pautada para comienzos de 2020, pero el coronavirus retrasó el proceso. El letrero de la entrada y el cartel LED incorporado en 2005 fueron vendidos, mientras que 3000 asientos fueron donados. El 3 de diciembre empezó la desmantelación de la fachada, mientras que el 2 de marzo inició su demolición, que dejó tan solo el techo y las veintidós columnas para el tiro de gracia. La compañía Homrich fue la elegida para el derribo.

Esto ocurre a dos años de la implosión del Pontiac Silverdome, la casa de los Pistons hasta 1988, y en paralelo a la destrucción del Joe Louis Arena. Tras la rezonificación del área de 110 acres (más de 445.000 metros cuadrados) para investigación y desarrollo por parte del ayuntamiento de Auburn Hills, quedó todo listo para la caída final. Esta fue anunciada a comienzos de la semana y ocurrió a las 8 de la mañana del sábado. «Siempre nos sentimos orgullosos de ser el hogar de los Pistons y, por supuesto, The Palace of Auburn Hills», dijo Kevin McDaniel, alcalde del distrito.

El siguiente video muestra la implosión desde tres ángulos y los escombros que quedaron. Del sitio The Detroit News.

Jeffrey Schostack, presidente de la compañía que adquirió el sitio, habló ilusionado de la etapa que se abre: “Es el comienzo de una era emocionante. El desarrollo expansivo e innovador que vendrá traerá cientos de empleos y nuevas oportunidades de crecimiento en una gran parte del sureste de Michigan». Asimismo, Stephanie Carroll, gerente de desarrollo comercial y relaciones comunitarias de Auburn Hills, afirmó que las cuadrillas tardarán varios meses en limpiar todos los escombros y llenar el agujero. Por su parte, William Hall, gerente de proyectos de Schostak Brothers & Co., espera que esté libre para fin de año.

Sin un destino determinado (Hall indicó que están en contacto con al menos seis empresas para el desarrollo de la propiedad), se estima que el espacio donde los Pistons tocaron el cielo sea utilizado para oficinas de uso mixto, donde la investigación sea prioritaria. “Estamos muy entusiasmados con este día. Se abre un desarrollo futuro muy emocionante para la propiedad circundante”, agregó Hill. La página de Schostack Brothers indica que se convertirá en el principal destino de oficinas, tecnología, investigación y desarrollo del Condado de Oakland, que por primera vez en más de cuarenta años no tiene un equipo deportivo en sus límites geográficos.

Las siguientes fotos corresponden a David Guralnick, del medio The Detroit News.

Nostalgia del adiós

La Real Academia Española define ‘nostalgia’ como una tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida. Por más simbólica que haya sido la implosión, es el sentimiento que invadió a los fanáticos de los Pistons cuando vieron a ‘su casa’ caer en cuestión de segundos. El acercamiento para ver el final de los vestigios del palacio se vio reforzado en las redes sociales, donde varios comentaron sus mejores recuerdos allí (en las respuestas del siguiente tweet, los aficionados contaron sus experiencias).

Scott Homrich, CEO de la compañía encargada de la implosión, se refirió a este tópico: “El desarrollo que está aquí será increíble para el área. Es bueno ver que las cosas abandonadas no permanecen en ese estado. Han hecho un buen trabajo al usar esto durante su vida útil y seguir adelante y obtener algo más aquí que generará buenos ingresos fiscales y trabajo para las personas. Han hecho un buen trabajo al respecto”.

Las redes sociales no solo fueron casa de la añoranza, ya que periodistas partidarios también aprovecharon el momento para plantear cierta controversia. Por un lado, fue criticado el revisionismo que está teniendo lugar por la tristeza de adiós, cuando en el último lustro de su actividad el palacio había lucido semi vacío. Otro sembró una comparación con el Little Caesars Arena, considerando al nuevo un mejor pabellón y en una zona muchísimo más favorable, por la variedad de actividades que se pueden realizar y por el leve tráfico que implica asistir los días de partido. La realidad marca que, hasta el momento, no generó lo que el palacio. Además, en Twitter, otros usuarios expusieron que consideraban innecesario demolerlo.

Lo cierto es que The Palace of Auburn Hills es historia. El debate seguirá y los recuerdos de los Pistons y el estado de Michigan allí permanecerán imborrables. Un estadio innovador que sentó las bases para sus pares y donde unos chicos malos de una ciudad chiquita y erosionada se plantaron ante los grandes mercados y escribieron algunas de las páginas más ricas de la National Basketball Association. Y el famoso grito de guerra Deeeeee-troit-basketball! resonará cada vez que alguien transite la 6 Championship Drive.

*La foto principal es de Kirthmon F. Dozier, DFP.

*Para escribir el artículo fueron utilizados como fuentes los siguientes sitios: The Detroit News (nota I y nota II), The Athletic, Detroit Free Press, Piston Powered, Fan Sided, ESPN y USA Today.

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