Se extendió nuevamente la ventana de rescisión del convenio colectivo

La NBA y la Asociación de Jugadores (NBPA, por sus siglas en ingles) extendieron la ventana que les permite a ambas partes rescindir el acuerdo colectivo (CBA) firmado en 2017 por tercera vez desde la interrupción de la temporada debido a la pandemia por coronavirus. En este caso, según reportó el periodista Adrian Wojnarowski en su artículo para ESPN, fijaron al 30 de octubre como fecha límite para completar las discusiones concernientes. Según el insider, las conversaciones son ‘productivas’ y hay optimismo para llegar a un acuerdo en las próximas dos semanas o, al menos, antes del Draft.

Si la liga y/o el sindicato decidieran revocar el convenio colectivo vigente, tendrían que notificarlo con 45 días de anticipación, teniendo en cuenta la susodicha jornada como fecha tope. Sin embargo, según añade y remarca Woj, las dos partes consideran remota la posibilidad de rescindir el CBA. En mayo, ya en el marco de la crisis sanitaria mundial, la NBA y la NBPA extendieron por primera vez la ventana de rescisión del convenio hasta septiembre. A fines de agosto, con la reanudación de la temporada 2019/20 en curso, los organismos dirigidos por Adam Silver y Michele Roberts, respectivamente, volvieron a retrasar los plazos hasta mediados de octubre.

Durante las últimas semanas, las conversaciones se centraron en delinear financieramente el tope salarial y los umbrales de impuestos de lujo para la próxima temporada. Uno de los puntos en discusión es el de ampliar el depósito en garantía tomado de los salarios de los jugadores, que hace unos meses vieron reducidos sus ingresos por las consecuencias derivadas de la pandemia de COVID-19. Como en la anterior extensión, la gerencia de liga sigue esperando por auditorías que concedan confiables proyecciones de ingresos para la temporada 2020/21.

Además de evaluar el progreso del virus y la enfermedad, arista en la que la National Basketball Association está volcando sus esfuerzos (NdR: trabajando con institutos de investigación y compañías farmacéuticas en ensayos y monitoreando los desarrollos en la lucha contra la COVID-19), Adam Silver considera imprescindible saber si se podrá contar con aficionados en los estadios durante la próxima campaña. En su momento, el comisionado afirmó que aproximadamente el 40% de los ocho mil millones de dólares de los ingresos proyectados de la liga estaban vinculados a la presencia de fans en los pabellones.

Queda en evidencia que el principal objetivo de la NBA pasa por encontrar la forma de regresar con público (NdR: la temporada 2020/21 no empezaría hasta febrero o marzo del próximo año, punto que atentaría contra los Juegos Olímpicos de Tokio, y una nueva burbuja sería la última opción, según Roberts). Esto mitigaría la catástrofe económica en la que todas las partes se ven involucradas, de manifiesto en los datos del sitio Ticket IQ, que planteó que las pérdidas por entradas en playoffs podrían haber ascendido hasta los mil millones de dólares. Por esta razón, se está trabajando en el desarrollo de pruebas de testeo rápido que faciliten la examinación de multitudes de un modo económico y seguro.

Uno de los eventos que aparece cada vez más cerca en el calendario de la NBA es el Draft, fechado para el 18 de noviembre tras la última postergación (se iba a desarrollar el 16 de octubre, pero se retrasó junto al CBA). Las franquicias esperan tener un intervalo de entre y 10 y 15 días antes del suceso para congeniar sus realidades financieras y deportivas. El escenario en el que aparecen los intercambios, tanto en la previa como durante el evento, y la agencia libre, que dará inicio pocos días después, necesita imperiosamente datos salariales concretos para delinear la actividad y el futuro de las organizaciones.

Los equipos ya empezaron a realizar entrevistas virtuales (30 minutos vía Zoom) y limitados encuentros presenciales (evaluaciones médicas y entrenamientos) con los jóvenes prospectos nacionales e internacionales, factor fundamental ante la falta de las actividades convencionales, pero antes del Draft deberá resolverse la cuestión financiera. Según Woj, las franquicias están ansiosas por que la liga llegue a un acuerdo con el sindicato y les brinde mayores certezas sobre el tope salarial y los umbrales de impuestos de lujo. Este será un paso fundamental para la confección del curso venidero.

Rescindir el convenio colectivo impulsado y firmado por Michele Roberts, abogoda y directora ejecutiva de la NBPA, en 2017, tras un convulsionado precedente, permitiría abortar la estructura financiera actual; el CBA vigente caduca finalizada la temporada 2023/24, pero tiene una opción de exclusión mutua después de la campaña previa. No obstante, los propietarios y el sindicato buscarían evitar esta drástica salida -probablemente desembocaría en un cierre patronal o lockout que retrase aún más la actividad oficial, algo que nadie quiere-. Hoy día parece muy poco probable la rescisión, más teniendo en cuenta las avanzadas charlas entre ambas partes para delimitar el máximo salarial y el mencionado luxury tax.

Adam Silver y Michele Roberts son las cabezas de la NBA y la NBPA, respectivamente – Foto de la NBA

En circunstancias normales -y podemos certificar que el 2020 de convencional no tiene nada, la NBA y la NBPA calculan el tope salarial entre el Draft y el inicio de la agencia libre, a partir del BRI (Basketball Related Income), es decir, la mayoría de los ingresos que reciben la liga y los propietarios la campaña previa. Sin embargo, la falta de proyecciones y la incertidumbre acerca de la presencia de público en los estadios dificulta la realización de cálculos tan lineales. Por todo lo expuesto previamente, Adam Silver y compañía reconocen la importancia de contar con los números concretos antes del Draft, ya que estos determinarán los movimientos de las organizaciones.

Según Woj, las organizaciones más perjudicadas sin la presencia de los aficionas serían las de los mercados pequeños, ya que dependen de los ingresos de entradas y la distribución de las grandes ciudades (Los Ángeles, Nueva York, Golden State). Como -en caso de contar con pocos fanáticos o jugar a puertas cerradas- estos verían limitada su capacidad para compartir dinero, podría verse atacado el equilibrio competitivo de la liga, dado que algunos equipos de mercados chicos más de 20 millones de dólares en ingresos compartidos, según le dijeron a ESPN. La NBA y la NBPA buscarían evitar los modelos que condujeran a esa disparidad.

El tope salarial proyectado para la temporada 2020/21, sin tener en cuenta los percances de público conocimiento, es de $115 millones, con un umbral de impuesto de lujo de $139 millones. Con las susodichas pérdidas de ingreso, que además del coronavirus podrían incluir las del conflicto con China, que mermaría sobremanera los ingresos de la liga, las franquicias podrían afrontar una disminución de entre 25 y 30 palos verdes. Si el tándem NBA-NBPA no ajustara los máximos, 25 de las 30 franquicias quedarían atrapados en los impuestos de lujo. Esto motivaría una agencia libre mucho más gris, ya que las organizaciones no podrían operar de manera normal.

A fines de agosto, Wojnarowski indicó que una de las posibilidades que se evaluaban era el establecimiento de un tope salarial artificial para las próximas dos temporadas. Esta medida limitaría un impacto dramático en los jugadores durante la agencia libre y en los equipos que quedarían por encima de los impuestos de lujo. Asimismo, se estab considerando que el 10% que se les quitó a los jugadores de sus salarios no fuera devuelto, sino empleado para paliar las pérdidas económicas de los equipos. Seguramente, las próximas novedades irán en detrimento de los jugadores, ‘beneficiados’ con el convenio de 2017, firmado en el marco de importantes afluencias de los ingresos televisivos, fundamentales para la reanudación de la temporada en Orlando.

Este CBA no fue construido para una extensa pandemia. No hay un mecanismo que funcione para establecer correctamente el límite cuando hay tanta incertidumbre, cuando nuestros ingresos podrían ser de $10 mil millones o $6 mil millones. O incluso menos”, le afirmó Adam Silver a miembros de la Asociación de Jugadores en mayo, según recogió Woj en su completo artículo para ESPN. Contar con proyecciones de ingresos confiables, que le permitan a la liga saber cuál será el real impacto financiero del coronavirus, será fundamental para la planificación y los ajustes que, se estima, harán conjuntamente la NBA y la NBPA. Por lo pronto, hasta el 30 de octubre podrán rescindir el vigente, aunque se cree poco probable.

El convenio colectivo firmado en 2017 (extracto del artículo Los inmensos zapatos de Michele Roberts)

Con el CBA de 2011 muy presente, la NBPA, con Roberts al mando, no tuvo ninguna duda al ejecutar la cláusula de salida que había estipulada para 2017. La gran negociación de MR evitó un nuevo lockout, que durante todo ese período había asomado como una posibilidad concreta. En diciembre de 2016 se llegó a un acuerdo, que fue rubricado en enero de 2017, aunque recién entró en vigor el primer día de julio y por siete temporadas (con una cláusula luego del sexto).

En cuanto a los sueldos, los nuevos contratos televisivos generaron un gran aumento en las ganancias de los jugadores. Los contratos fijados por el convenio colectivo (mínimo, rookies de primera ronda y excepciones bianuales y de nivel medio) crecieron alrededor del 45/50%. Por ejemplo, un salario de novato pasó de $543.000 a $800.000. Roberts y la asociación se mostraron desde el primer momento en contra de suavizar los topes salariales. La proporción 50-50 (entre 49 y 51, según los ingresos de la liga) con los propietarios no se modificó, en parte por esta nueva afluencia de dólares proveniente de los derechos de la televisión. Esa incerteza variable hoy coloca la ganancia de los jugadores en torno al 51% de la torta, un poco por encima que en años anteriores.

En relación a los contratos, se determinaron dos nuevas normas. Una es la posibilidad de ofrecerle una renovación por seis años (en vez de cinco, el tope) a jugadores fuera del contrato de rookie. Esta regla tiene como condición que ese jugador haya integrado alguno de los mejores quintetos de la temporada y funciona como una medida de protección para las franquicias, en la búsqueda de evitar los ‘súper-equipos’. Además, se modificó la Over-36 Rule, que impedía a los equipos ofrecerle a un jugador el máximo por cinco temporadas si este cumplía 36 años en el medio del contrato. El cambio residió en que se movió la línea hacia los 38 años.

Asimismo, se amplió la cantidad de jugadores por franquicia de 15 a 17, no hubo cambios en el criterio etario de elegibilidad en el Draft y se acortó la pretemporada, con el fin de adelantar el inicio del curso e implementar un calendario menos exigente y evitar los back-to-backs (partidos en días consecutivos) y las series de cuatro partidos en cinco días. Este último fue uno de los primeros puntos por los que luchó Roberts.

Otras grandes victorias de la negociación fueron la obtención de beneficios médicos para ex jugadores (un programa de ayuda a jugadores con tres o más años en la liga) y la adquisición de los derechos de imagen. Antes en manos de la NBA, el control de los derechos de imagen (y nombre) pasó a estar a disposición de la NBPA, como en las otras grandes ligas estadounidenses. Estos triunfos en la negociación de un CBA que se antojaba ‘disputado’, con el histórico cierre patronal en la retina del ojo, consolidaron la imagen positiva de Roberts luego de una prueba de fuego.

Michele Roberts dirige la NBPA desde mediados de 2014 – Jennifer S. Altman / Getty Images
Contexto: el pésimo antecedente y el despido de Billy Hunter, predecesor de Roberts

La segunda década del siglo XXI llegó convulsionada para la NBA. El lockout (cierre patronal) que enfrentó la liga en 2011 constituyó una importante traba en la relación NBPA-NBA. La falta de acuerdo entre las franquicias y el sindicato para renovar el convenio firmado en 2005 llevó a una huelga que se extendió desde el 1° de julio, fecha de apertura del mercado de traspasos y fichajes, hasta el 8 de diciembre, diecisiete días antes del inicio de una temporada de 66 partidos. El mayor retroceso fue la reducción del BRI (Basketball Related Income); esta ‘renta de los jugadores’ define qué porcentaje de las ganancias va para los jugadores y propietarios. Del 57% de 2005 se pasó al 50% (49-51, según variables) del 2011.

Con este pesado antecedente, la relación de los jugadores con Billy Hunter, director ejecutivo de la NBPA desde 1996, se deterioró. Una poco agresiva actitud de Hunter, abogado y ex jugador de fútbol americano, generó el descontento en sus representados. Dos años después, una auditoría iniciada por Derek Fisher, presidente de la asociación, destapó vastas irregularidades en su función. Hunter fue acusado de nepotismo, actividad inapropiada y falta de supervisión. Tras una reunión de la Junta de Representantes y el Comité Ejecutivo en el parate por el All Star de 2013, una votación determinó unánimemente la destitución de Hunter de sus funciones.

Billy Hunter, director ejecutivo entre 1996 y 2013, fue destituido por los jugadores – Patrick McDermott / Getty Images

*La foto principal es de Ashley Landis-Pool/Getty Images. Esta nota fue realizada a partir de la información del artículo de ESPN (Adrian Wojnarowski) y de la previa extensión (De Faja).

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