No volvió, jamás se fue

Es cierto que Stephen Curry estuvo casi toda la temporada anterior de baja por la fractura de su mano. Pero, en realidad, jamás se fue.

La pasada campaña, en la cual los Warriors salieron últimos jugando con un equipo casi de liga de desarrollo (sin menospreciar a nadie ni mucho menos), el dos veces MVP no paró de acompañar a sus compañeros. Ya sea desde el banco vestido de traje, o escribiendo en las redes sociales, siguió jugando para sus compañeros.

La espera se hizo larga. Desde aquel lamentable 30 de Octubre del 2019 cuando sufriera la lesión, sólo regresó para un partido de la pasada campaña. El 5 de marzo, frente a los Toronto Raptors, fue su reaparición. A pesar de la derrota, consiguió 26 puntos, 7 asistencias, 6 rebotes y 6 triples. Esos tiros de larga distancia y la sencillez con la que los realiza, es lo que el público más disfruta. Pero lo más importante, es que le sacó una gran sonrisa, por lo menos por un rato, a los fanáticos que siempre lo apoyaron.

Para esta pretemporada todo parecía volver a la normalidad. Los Splash Brothers estaban sanos luego de un poco más de un año de ausencia, y desde el draft asomaba con gran destello James Wiseman. Sin embargo, todo sucedió el mismo día. Depende por dónde lo mires, el 18 de noviembre fue un día genial, o uno horrible. Los de la Bahía seleccionaron al ya mencionado Wiseman, asegurándose así un gran futuro interior, pero también se reportó que Klay Thompson había sufrido una lesión en la parte baja de la pierna, que terminó siendo la rotura del Aquiles.

Sin dar casi más preámbulos, Curry pasaba de estar acompañado por Klay, a serlo por Kelly Oubre Jr., un jugador de perfil muy diferente. La temporada empezó muy mal con dos barridas contra Brooklyn y Milwaukee, pero siguió con dos victorias muy aliviantes frente a Bulls y Pistons.

Luego de una derrota por 25 frente a los Blazers de Damian Lillard, (donde Steph metió 26 tantos que quedaron opacados por los 34 de su «rival»), en las redes sociales comenzó a decirse que Dame ya era mejor que Curry. Se sostuvo que nuestro protagonista estaba teniendo muy malos porcentajes (para lo que es él) y la estrella de Portland viene de su mejor año. Cómo dijo anoche, emulando a Michael Jordan, Stephen se tomó todo «personal».

Y así fue. Destrozó su récord de carrera (54 de visita a los New York Knicks en febrero del 2013), al anotar 62 puntos y 8 triples del estilo que solo él nos tiene acostumbrado. Haciéndolo fácil, con dos defensores encima, tras bote, algunas veces con falta incluida no cobrada.

El balance de los Warriors es 3-3, lo cuál supone alguna preocupación, más que nada por cómo está jugando el equipo. Esta victoria 137-122 frente a los de Oregon supone mucha más tranquilidad, además de inflar muchísimo la moral. Habrá que ver si los Warriors logran su mayor objetivo que es volver a los Play-Offs, lo cual no es para nada fácil. Este es el momento y la situación para que Curry siga callando bocas. «Sin otra estrella no es nadie», «no puede cargar a sus espaldas un equipo», «no tiene ningún MVP de las Finales», «no hace otra cosa que tirar», son algunas de las frases que se leen y se escuchan a menudo.

Stephen Curry en estos seis partidos está promediando 32.3 puntos, 6.2 asistencias, 4.7 rebotes, 1.2 robos y un bajo (sólo para él y que seguro va a mejorar) 36% en triples. Pero sobretodo, está siendo el líder que muchos señalan que no es, y lo está siendo en una situación más que complicada para la franquicia.

Además de ser el jugador que cambió el básquet y que hace las cosas tan simples que nosotros pensamos (ingenuamente, claro) que podríamos imitarlo muy fácilmente, esto también es Curry. Aquel que se está poniendo «al hombro» a Golden para intentar arribar a una nueva postemporada, pese a la terrible lesión de la otra de sus figuras.

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