Los Lakers, el Rey y la corona perpetua

A 3770 días de aquel mítico Game 7 ante los Celtics, los Lakers se volvieron a consagrar como el mejor equipo de la NBA. Los angelinos vencieron 106-93 a Miami Heat en un partido que no tuvo equivalencias y consiguieron su decimoséptimo Larry O’Brien, igualando la cantidad fijada por Boston. LeBron James lideró la cómoda victoria púrpura y oro con su undécimo triple doble en Finales y fue elegido (unánimemente) como el MVP de las Finales, cuarto de la especie en su palmarés, con la particularidad de habérselos adjudicado con tres equipos diferentes.

Anthony Davis, complemento perfecto del Rey en ataque y defensa, tocó por primera vez el cielo con las manos. Rajon Rondo, por su parte, se convirtió en el segundo jugador en ganar el anillo con Celtics y Lakers, mientras que Danny Green y LeBron James se unieron al club de los campeones con tres franquicias distintas, que ahora tiene cuatro integrantes. Frank Vogel, el creador de la bestia, vio al fin reconocido la gran labor que empezó en California y finalizó en Florida. También merecido reconocimiento para Kentavious Caldwell-Pope, fundamental en toda la serie, Alex Caruso, Kyle Kuzma y Dwight Howard, entre tantos otros.

El Heat, por su parte, se vio superado contundemente por un rival que tuvo mucha hambre de gloria. Sin embargo, durante estos meses se ganaron el respeto de todos los aficionados del baloncesto. Erik Spoelstra, Jimmy Butler, Bam Adebayo y Goran Dragić lideraron un grupo que, si se lo propone, podrá dar que hablar durante los próximo años. Antes de dar por finalizada la acción en la burbuja de Orlando, a más de tres meses del arribo de los equipos, hubo tiempo para recordar a Kobe Bryant, leyenda de los Lakers fallecida trágicamente el pasado 26 de enero. Sin darle un tinte tétrico al suceso, LeBron y compañía jugaron por y para la Black Mamba. The job is done, que en paz descanse.

Game 6 – Los Angeles Lakers 106 (4) vs Miami Heat 93 (2)

A diferencia de otros partidos de la serie, en los que la incertidumbre que rodeaba al regreso de Goran Dragić se apaciguaba con el paso de las horas y el anuncio negativo de algún insider de la liga, la tarde-noche de este domingo trajo esperanzas para el Heat. El esloveno fue activado de cara al sexto juego, argumentando que la lesión no se podía agravar, pero con el agregado de que el dolor en el pie (desgarro de fascia) perduraba. Sin certezas sobre su presencia efectiva en el parqué, el anuncio de los de Florida planteaba un escenario diferente.

Por el lado de los Lakers, incluso antes del cambio de status del base veterano, Frank Vogel confirmó un cambio en la alineación titular. Alex Caruso, fundamental por su aporte revulsivo desde la banca, sus fundamentos-compromiso en ambos lados de la duela y su sociedad con los dos mejores jugadores del equipo, pasaba a formar parte del quinteto inicial. La salida de Dwight Howard, de flojo Game 5, auguraba un cambio posicional de Anthony Davis, que quedaba como único gran referente de la pintura ante la ausencia de Superman.

Mamba Mentality: los Lakers no le dieron oportunidades al Heat – Foto de Nathaniel S Butler (Lakers)

Apenas iniciado el cotejo en el AdventHealth Arena, la batalla la libraron LeBron James, motrándose dispuesto a cargar con su equipo nuevamente, y Duncan Robinson, exhibiendo el mismo fuego clave del enfrentamiento previo. Tras un comienzo parejo, fueron las canastas de media distancia de Anthony Davis y la determinación de LeBron para penetrar hacia el aro las que mantuvieron una ventaja que los laguneros forjaron a partir de una importante efectividad en tiros de dos (11/14), altamente contrarrestable con su imprecisión desde el perímetro (1/8).

El dúo LeBron-Davis se combinó para 17 de los 28 puntos de su equipo, que logró capitalizar 10 tantos de contraataque, factor en el que desbordó a su contricante. Por el lado de Miami, destacaron las bombas iniciales de Robinson y el ingreso de Dragić (79 segundos en el parqué), que intentó un alley oop con Bam Adebayo y falló un triple. La desventaja de ocho puntos del Heat obligaba a Erik Spoelstra a planear una estrategia que evitara una nueva corrida de los púrpura y oro (spoiler: hubo corrida). Uno de los puntos a atender era, sin dudas, el de las pérdidas (6), varias de ellas evitables.

A diferencia de los doce minutos iniciales, que mostraron cierta paridad en el juego y en el marcador, el segundo período fue testigo de una supremacía absoluta de los Lakers, que no solo eran superiores en la segunda línea, sino que estaban neutralizando con brutal eficacia a los de South Beach. Con Jimmy Butler cansado, Bam Adebayo fuera de sí, Goran Dragić sin ritmo y un violento efecto contagio, el Heat no tuvo nada que hacer en el segundo cuarto. La falta de respuestas en el apartado individual, factor salvador de Miami en otros encuentros, se sumó a una correctísima defensa de los Lakers, que también azotaron sobremanera en ataque.

Y este cuarto fue bisagra. Rompió el partido, alistó la alfombra roja para la premiación, elevó a los Lakers al infinito y más allá. 15 puntos de Kentavious Caldwell Pope, MVP moral de las Finales, 15 de Anthony Davis, amo y señor de la zona pintada, 13 sin fallo de Rajon Rondo, Mr Clutch a esta altura, y 11 de LeBron James (complementados con 9 rebotes y 6 asistencias, claro), espíritu in and out del equipo, dejaron muy claras las cosas. Una surrealista propagación de la magia que se desprendía de los uniformes blancos involucró a todas las partes, que se encargaron de sacar 30 puntos de diferencia. Al entretiempo, fueron 28 (64-36; 36-16 en el segundo cuarto), suficiente para que los aires de partido liquidado fueran ineludibles.

Es razonable imaginar tan difíciles como emotivas las charlas que tuvieron que dar Frank Vogel y Erik Spoelstra en los vestuarios de la burbuja. Tantas emociones, con un final inminente -lamentable e irremediablemente, en el deporte uno siempre va a terminar contento a costa de la tristeza del prójimo-, le daban cierre a una estadía de más tres meses en las instalaciones de The Walt Disney Company, que empezó con irrisorios reproches por la comida de las habitaciones y culminaron con unos playoffs extraordinarios. Corrió mucha agua bajo el punte, dirían algunos, con un histórico y poderoso boicot de por medio.

Si tras el segundo cuarto no asomaban aires de cambio en Orlando, la tercera etapa llegó para perpetuar ese paradigma. Una máxima de 36 fustigó al equipo ‘de’ Pat Riley, que simplemente se vio superado. Es válido caer en la lógica del pésimo partido y el cansancio que arrastraba Miami, pero lo del otro lado fue legendario. Un LeBron espectacular volvió a comandar las acciones de su equipo y finalizó el anteúltimo cuarto de la temporada con 19 puntos, 11 rebotes, 9 asistencias, 0 pérdidas y un +30 en cancha. La colaboración de Rondo, activo hasta para dar indicaciones con el partido sentenciado, encaminó a unos Lakers que se fueron a la banca 87-58, con el MVP de las Finales decidido unánimemente en el imaginario popular.

Miami arrancó el período final con un parcial de 11-3 que lo colocó a 21 puntos (90-69), merced de la primera aparición real de Bam Adebayo en el partido. Frank Vogel vio la necesidad de pedir un tiempo muerto para sosegar la corrida e intensidad del Heat, que no obstante nunca fue una amenaza tangible. Los de la Magic City recién redujeron la diferencia de veinte puntos en los últimos noventa segundos; antes, con el paso de los minutos, observaron cómo se escapaba la posibilidad de sumar el cuarto título en la historia de la franquicia.

Ninguno de los entrenadores renegó de sus alineaciones titulares hasta el minuto final, momento en el que se desató un emotivo abrazo entre LeBron James y Anthony Davis (foto previa al YO DIGO), los artífices de la obtención del ansiado anillo. Se cumplió el tiempo, sonó la chicharra y los saltos de una emotiva ronda grupal confirmaron lo que ya era una realidad: el decimoséptimo Larry O’Brien. Tras diez años de sinsabores, en los que la lesión del tendón de Aquiles y el retiro de Kobe Bryant fueron tristemente eclipsados por su trágico fallecimiento, uno de los equipos más grandes de la historia del deporte está de regreso.

Gracias a sus promedios de 29.8 puntos, 11.8 rebotes, 8.5 asistencias, 1.2 robos, 0.5 tapones, 3.5 pérdidas y altos porcentajes de tiro, LeBron James fue elegido unánimemente como el mejor jugador de las Finales (11 votos). Sí, a sus 35 años y en su decimoséptima campaña como profesional, el nacido en Akron, Ohio consiguió su cuarto FMVP en igual cantidad de anillos. La particularidad de la hazaña de LJ es que los logró con tres equipos diferentes (Heat 2012-2013, Cavaliers 2016, Lakers 2020). Comentario aparte para la Ceja, digno merecedor del galardón con 25 tantos, 10.7 capturas, 3.2 servicios y 2 bloqueos por juego, que se convirtió en el complemento ideal para uno de los mejores jugadores de la historia.

En cuanto al Game 6, quizás de los menos emocionantes por la poca paridad que ofreció, LeBron lideró a su equipo con 28 puntos, 14 rebotes y 10 asistencias, consiguiendo su undécimo triple doble en Finales, récord total (posee 28 en playoffs y 3 en partidos de posible anillo). Anthony Davis (19p/15r/3a2s), Rajon Rondo (19p/4r/4a) y Kentavious Caldwell Pope (17p/2r) acompañaron en una fiesta que prematuramente se tiño de púrpura y oro. Del otro lado, Bam Adebayo terminó completando una bonita planilla con 25 puntos, 10 rebotes, 5 asistencias y 2 tapones, pero su registro estadístico no se condice con su influencia en el cotejo. Asimismo, Jimmy Butler, Jae Crowder y Duncan Robinson terminaron en dobles dígitos.

Mucho respeto para Erik Spoelstra, Jimmy Butler y toda la plantilla (y organización) de Miami Heat, equipo que se ganó la admiración de todos, superando adversidades y plantándose con un amor propio pocas veces visto en los últimos años. Las lesiones contribuyeron a la causa, pero en esta serie -por primera vez a lo largo de la postemporada- se vieron superados por un equipo que tenía más, mejor y con mayor experiencia. No se podrá parar de reconocer el trabajo de los jóvenes del estado de Florida, que probablemente estarán protagonizando instancias decisivas en el corto o mediano plazo.

Poco (y muchísimo) resta por decir de los Lakers, dignísimos y merecidos campeones. Cuando un equipo es el mejor, tiene grandes probabilidades de éxito. Si además tiene al mejor, más chances aún. Esta postseason (marca de 16-5) sirvió para marcar la vigencia de algunos jugadores y reivindicar a otros. Las luces se las llevaron las dos superestrellas del roster, pero los Rajon Rondo, Kentavious Caldwell Pope, Alex Caruso, Kyle Kuzma, Dwight Howard y Danny Green, entre otros, merecen el reconocimiento. Ni hablar de Frank Vogel, que tocó el cielo y se consagró como el grandísimo entrenador que demostró ser en su etapa al mando del equipo lagunero.

A menos de diez meses del fallecimiento de Kobe Bryant, sin incurrir en analogías y comentarios tétricos, muy presentes en las redes sociales durante la reanudación extraordinaria de la NBA, este campeonato va un poco para él, una de las grandes figuras de la historia de este deporte. LeBron, Davis y compañía jugaron ‘con’ y por Kobe, y acá esta el reconocimiento. Desde 1963, los Celtics habían liderado en soledad la lista de máximos campeones, superando a unos Lakers que a la sazón se ubicaban en Minneapolis. Este domigno 11 de octubre de 2020, casi seis décadas después, los ahora angelinos vuelven a nivelar la balanza que otrora los tuvo arriba. En este caso, con un Rey a la cabeza. Por todo lo sucedido, sin dudas esta consagración perdurá eternamente. ¡Salut, Lakers Nation! The job is done.

Premios de la jornada del domingo 11 de octubre.
MVP: LeBron James.
Momento del día: el segundo cuarto, momento en el que los Lakers extendieron su ventaja de 8 a 30 puntos.

Datos: los Lakers igualaron a los Celtics como máximos ganadores en la historia de la NBA (17 títulos, el último empate databa de 1962); Rajon Rondo se unió a Clyde Lovellette como los jugadores campeones con los dos gigantes de la liga; LeBron James y Danny Green son, junto a Robert Horry y a John Salley, los únicos campeones con tres equipos diferentes; LJ se convirtió en el segundo jugador en ganar al menos cuatro MVPs de las Finales (Michael Jordan, 4), pero el primero en obtener el galardón con tres equipos distintos; Anthony Davis se transformó en el quinto jugador en promediar 50-40-90 en unas Finales (mínimo 20 minutos); del otro lado, Jimmy Butler se erigió como el segundo basquetbolista en liderar a su equipo en todas las estadísticas (puntos, rebotes, asistencias, robos y tapones) en una Finales de NBA, tras LeBron en 2016.

El sentido abrazo en el que se fundieron las súper estrellas instantes antes de la finalización del partido – Foto de la NBA

YO DIGO – LAUTARO CARRO (@kuzmarg)

La vida es una simple escalera. Consta de subir a medida que uno crece y va conociendo lo que significa. Un chico nacido en Philadelphia comenzó ese camino como cualquier humano. Algunos subían más rápido, otros más lento, y cuando la gente estaba por terminar ese largo trayecto se caía. A veces más temprano, a veces muy tarde.

El pibe subía y subía, ya iba por el 18. Conocía a gente que tenía sus mismas intenciones, mover una pelota y embocarla en el aro. Cuando estaba por el 22 había personas que le gritaban desde cualquier lado, desde escalones más altos o algunos más bajos. Incluso se escuchaban las voces de los caídos.

Llegando al escalón 37, decidía dar un paso al costado luego de 5 honorarios en toda su carrera y que otros llevaran sus intenciones a cabo. Él ya era mayor, tenía una familia y quería criar a sus cuatro hijas de la mejor manera, para que aprendieran a subir cada escalón.

Iban excelentemente bien. Las chicas escalaban poco a poco y veían en su padre y en su madre, dos ídolos. Hasta que en el escalón 41, él tropezó. Se cayó. Una de sus hijas tampoco pudo mantenerse firme y fue con su padre. Pero mientras caía, llegó a ver a un hombre que estaba en el 35, parecido a él, con las mismas ganas y amor que le había dedicado a su trabajo.

“Hazlo”, y cayó junto a su hija. El hombre, un chico nacido en Akron, lo escuchó y no paró. Era un soldado de mil batallas, experimentado y acostumbrado a recibir flechazos para caer en cada escalón. Este era su 35. Pero junto a un grupo de personas, algunas más arriba, otras más abajo. Algunos conocidos, otros jóvenes recién iniciados, siguieron.

Soportó balas hechas en Portland, esquivó aquellos flechazos lejanos de Houston para ir a combatir arriba en las montañas de Denver. Salió victorioso, pero faltaba lo más importante, vencer a los cocodrilos de Miami, que salían de cada escalón calurosos y con hambre. Ya se habían comido duendes y ciervos. Pero aquel hombre terminó con heridas y con la victoria entre sus manos.

18Lebron James salió victorioso y, finalmente, cuando levantaba un honorario a aquel trabajo, escuchó las palabras en el fondo de esa escalera: “Gracias”. Sonrió y siguió subiendo.

¡Chapeau, Lakers! Decimoséptimo título para los púrpura y oro – Foto de la NBA

*La foto principal es de la NBA.

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