Llegó el indeseado doble adiós

La Selección Argentina se despidió de los Juegos Olímpicos tras la abultada derrota por 97-59 frente a los Australianos. Además con 41 años, 5 juegos (1 oro y 1 bronce), dos subcampeonatos del mundo e infinidad de otros logros, Luis Scola jugó el último partido de su enorme carrera y fue despedido con un emotivo y muy merecido reconocimiento.

Como toda derrota eliminatoria, la sensación es solamente de tristeza y frustración. Muy lejos está este momento de lo que pasó en China hace dos años. Si bien, después de haber luchado tanto para llegar a una más que merecida final, España se encargó de arruinar lo que hubiese sido una auténtica fiesta argentina, todos recordamos ese Mundial con una sonrisa. Apenas más lejos en el tiempo, encontramos un partido muy similar al del día de hoy.

Rio de Janeiro, 2016, Juegos Olímpicos, Cuartos de Final, enfrente un equipo en los papeles superior, esa vez Estados Unidos. ¿Diferencias? El rival, que esta vez fue Australia; quienes jugaron su último partido, en esa ocasión Manu Ginóbili y Chapu Nocioni; y un detalle no menor, la presencia del numeroso público argentino en la tribunas. Y es que sí, ese día, a pesar de la abultada derrota, pasó algo parecido a lo de hoy. A esa sensación de tristeza y frustración por algo que en el horizonte aparecía simplemente como algo utópico, se le sumó una gran cuota de emoción.

El partido

Desde la previa, Australia era el favorito. Primera de su grupo, aunque en el más débil de todos, venía teniendo un gran torneo de la mano de Patty Mills. Pero si hay algo que esta Selección Argentina nos enseñó, es a creer en que las utopías pueden dejar de serlo. Es cierto que los dirigidos por Sergio Hernández estaban teniendo un rendimiento muy lejano al que mostraron en China hace dos años, pero las esperanzas siempre estuvieron.

En el primer cuarto toda esa ilusión parecía estar justificada. Desde el minuto uno, El Alma salió a jugar con una gran intensidad en defensa que, entre otras cosas, sirvió para anular bastante a Mills. En el otro lado de la cancha, los tiros entraban. Facu y Luifa con algunos triples, Lapro metiendo sus tiros y organizando bien. Las sensaciones eran buenas y las esperanzas de una nueva victoria argentina contra los pronósticos, eran cada vez más grandes cuando, al finalizar el primer periodo, la diferencia era de +4 (22-18) habiendo llegado al +8.

Sin embargo, en el segundo cuarto las cosas cambiaron. Joe Ingles y compañía empezaron a meter de tres y Matisse Thybulle comenzó a defender como mejor sabe. Argentina no sólo no metía una canica en el océano, sino que los rebotes ya no eran suyos. La superioridad australiana era notoria en el juego, pero no tanto en el marcador. El 39-33 del entretiempo, era un verdadero negocio para los argentinos.

El tercer cuarto fue bastante parejo. Si bien Argentina nunca pudo recortar la distancia, tampoco se alejaba tanto. A pesar de que no se generaba mucho juego, dos triples consecutivos de Deck y uno de Brussino mantenían la corta desventaja casi al finalizar el cuarto. Con un sprint final comandado por 4 puntos de Dante Exum, Australia cerraba el tercer acto 60-48 arriba.

Parecía complicado remontar. Las sensaciones no eran buenas pero todavía quedaban las esperanzas de siempre. Una lástima, duraron muy poco. Luego de una bestial volcada de Exum y un atípico triple de Thybulle (aunque justo hoy estuvo fino), todo se derrumbó. Argentina comenzó a errar y la frustración de los jugadores se mostró reflejada en la técnica cobrada a Campazzo. Luca Vildoza seguía intentando de tres, pero las selecciones no eran las mejores y ni siquiera tenía la suerte de que alguna entrara. En un abrir y cerrar de ojos, Australia se había puesto arriba 73-48.

El trámite siguió así hasta el final. Ya era imposible la remontada, la atención se tenía que centrar en otra cosa, en un hombre en particular, en Luis Scola. Faltando un minuto, el histórico interior abandonaba la cancha por última vez en su gigantesca carrera. Probablemente sucedió la que, por ahora, es la imagen basquetbolística de los Juegos. Compañeros, rivales, jueces, periodistas, absolutamente todos, de pie para aplaudir a la leyenda argentina que se sentaba y rompía en llanto. Quizás no era el final que Luifa deseaba, seguramente una derrota tan abultada no lo era.

Una cosa si es cierta; como dice la canción de Joan Manuel Serrat: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar». Vaya si Luis lo hizo. Todo el reconocimiento fue por algo, por toda la carrera que él se construyó. Se estaba retirando la última pieza de la Generación Dorada que tanto le dio al básquet argentino, sudamericano y mundial. El que, junto a un puñado de jugadores más jóvenes que él, nos demostró que siempre hay un después. Que la Generación Dorada dejó un legado, que El Alma supo, sabe y va a saber como continuar. El que como el propio Oveja expresó, «comenzó siendo su alumno y terminó siendo su maestro».

Se va la leyenda. Se va en paz. Le dio a la Selección los mejores años de su carrera. Le dio todo.

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