LaMelo Ball: un ángel para tu ciudad

Tras años estancados en la mediocridad, los Hornets se transformaron en un equipo plagado de talento. La inexperiencia y las lesiones no les permitieron llegar a playoffs y pese a un cierre de temporada muy pobre, Charlotte tiene por delante un futuro brillante. La franquicia de la que es propietario Michael Jordan finalizó en el décimo puesto de la Conferencia Este con un récord de 33 victorias y 39 derrotas. El equipo conquistó un lugar en el novedoso play-in con la oportunidad de meterse en post-temporada, pero desperdició su chance en una abultada caída frente a Indiana.

Una serie de eventos afortunados

El nombre propio de la temporada fue LaMelo Ball, un joven de 19 años que llegó a la franquicia vía Draft. El arribo del hermano menor de Lonzo (aunque a esta altura el jugador de Pelicans se convirtió en “el hermano de”) fue posible gracias a una serie de eventos afortunados. En primer lugar: la lotería del Draft, evento que decide el orden de elección de los equipos. El pick más probable para la franquicia era el octavo, pero, por cuestiones de la vida, Charlotte escaló ¡cinco! puestos y se quedó con la tercera elección. Por otro lado, Minnesota y Golden State seleccionaron a Anthony Edwards y James Wiseman, respectivamente, dejando pasar al que es, probablemente, el jugador más talentoso de la camada. Mitch Kupchak, General Manager de la franquicia, eligió al mediático jugador.

El jugador franquicia

LaMelo revolucionó la franquicia: se hizo cargo de los hilos del juego y transformó a Charlotte en uno de los equipos más divertidos de ver de toda la liga. Destacó por su creatividad para pasar la pelota, dibujando pases imposibles para las volcadas furiosas de Miles Bridges o los triples largos de Devonte Graham. Tiene una visión de juego envidiable y un IQ impropio de un chico tan joven para leer (y romper) las defensas rivales. LaMelo volvió mejores a sus compañeros y construyó, casi sin querer, una cultura ganadora y ambiciosa en un mercado chico que siempre es pasado por alto.

En la temporada, disputó 51 partidos (se perdió 21 por una fractura en la muñeca) y promedió 15.7 puntos, 5.9 rebotes y 6.1 asistencias por encuentro. Además, lanzó con un 43.6% de eficiencia desde el parqué, 35.2% desde el perímetro y 75.8% desde la línea de libres. El único techo para Ball es el cielo. Estos porcentajes mejorarán con el tiempo, al igual que algunos problemas que todavía evidencia en la toma de decisiones, especialmente en el clutch. Lo que queda claro, es que LaMelo es puro talento natural: su habilidad para pasar la pelota, su visión de juego, su arsenal ofensivo y su energía en cancha no pueden enseñarse; lo tenés o no lo tenés.

Melo se encamina como gran favorito para quedarse con el ROY, el premio al mejor rookie del año. Queda por preguntarse también que hubiera sucedido sin las lesiones que le impidieron jugar la temporada completa, seguramente su dominio hubiera sido absoluto.

Cimientos de un futuro brillante

Además del rookie, los Hornets atestiguaron la aparición de Miles Bridges como un jugador completísimo. En la temporada, el oriundo de Michigan promedió 12.7 puntos, 6 rebotes y 2.2 asistencias por encuentro, con una gran eficiencia en el tiro desde todos los lugares de la cancha. Sin embargo, es más preciso tomar una pequeña muestra de sus números: en el mes de abril, tras la lesión de Gordon Hayward, ganó minutos, protagonismo y, definitivamente, explotó.

En ese lapso, promedió 20.3 tantos, 6.8 rebotes y 2.8 pases de gol por partido, con porcentajes de 51% en tiros de campo, 44% en tiros de tres y 83% en tiros libres. En el camino, demostró ser mucho más que una máquina de volcadas: es un tirador exquisito desde todas las zonas de la cancha, un defensor perimetral con mucho potencial y un compañero idóneo, a corto y largo plazo, para el joven Ball. En el cierre de la temporada, se perdió seis partidos consecutivos por protocolos de salud. Cuando regresó, le anotó 30 puntos y 5 triples a los New York Knicks.

El dato que corona la temporada de Bridges: se convirtió en el primer jugador de la historia de la franquicia en terminar con 50/40/80 de efectividad a lo largo de una temporada.

Es obligatorio nombrar también a Terry Rozier: el hombre que recibe la pelota cuando el reloj se acerca a cero y la naranja quema. En la temporada, mandó a dormir a Stephen Curry a sus Golden State Warriors o que anotó el tiro ganador contra Pistons frente al mejor jugador de la historia. Estadísticamente tuvo la mejor temporada de su vida: 20.4 tantos, 4.4 rebotes y 4.2 asistencias por encuentro. Además, mejoró notoriamente sus porcentajes de tiro con respecto a la temporada pasada.

Por último, Gordon Hayward emuló por momentos su mejor versión y concretó una temporada digna de su contrato, pero lamentablemente, las lesiones volvieron a perseguirlo y llegó a perderse un total de 28 partidos. Si su cuerpo se lo permite, podría ser un compañía perfecta para LaMelo.

Los puntos a mejorar

Las lesiones no permitieron que veamos lo que este equipo es capaz de hacer: Malik Monk se perdió 30 partidos, Gordon Hayward 28, LaMelo Ball 21, Devonte Graham 17 y Miles Bridges seis de los últimos ocho encuentros de la temporada. Si con esta tormenta de ausencias el equipo logró ingresar al play-in, no cuesta imaginar que con un poco de suerte podrían finalizar entre el 6to y el 8vo puesto.

No hay que perder la vista, sin embargo, de que la franquicia cerró la temporada de forma trágica: perdió sus últimos cinco partidos de la temporada regular (Pelicans, Nuggets, Clippers, Knicks, Wizards) y 16 de sus últimos 22 partidos disputados. Además, en el partido más importante de la temporada, cayeron 144-117 contra Indiana, equipo que, a priori, parecía derrotable.

Gordon Hayward se perdió 28 partidos en la temporada.

Aun conscientes de que la franquicia apenas pudo contar con todos sus titulares en el desarrollo de la temporada, está claro que Charlotte necesita mejorar en dos aspectos fundamentales: el puesto de cinco y la falta de experiencia. La segunda cuestión se resuelve con cierta facilidad, alcanza con incorporar veteranos en la agencia libre que puedan instruir a los más jóvenes y guiarlos en momentos claves.

El segundo punto es el más crítico. Los pivotes titulares son Cody Zeller y Bismack Biyombo, correctos jugadores, pero insuficientes para las ambiciones de la franquicia. La falta de un cinco fiable obliga a la Charlotte a jugar sin pívot sin contar con el poder defensivo para hacerlo: el equipo es el cuarto que más rebotes ofensivos tiene en contra por partido (10.6). Además, la falta de una presencia bajo la pintura fuerza a Charlotte a doblar a los jugadores interiores, dejando espacios libres en el perímetro:  los Hornets son también el segundo equipo al que más triples le convierten por cotejo (14.5).

Con una buena agencia libre, el equipo debería tener más que suficientes armas para luchar por un puesto de playoffs. Tienen un líder nato; un jugador franquicia, buenas segundas espadas e interesantes jugadores de rol que lo rodean (Devonte’ Graham, PJ Washington, Malik Monk). El futuro en Charlotte es brillante.

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