El fin de la primera generación dorada

Los Juegos Olímpicos de Londres 1948 fueron un éxito. Tras el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, el deporte volvió a tener un lugar en las agendas de la población del planeta, por lo que varios países, antes enemistados, se cruzaron con la finalidad de celebrar el mayor evento deportivo. Y el básquet no fue una excepción en dicha cita. No solo hubo un abrumador nivel de calidad, sino que también un gran apoyo a la disciplina en el Harringay Arena de la capital británica.

Delegación argentina en 1948 – Archivo General de la Nación Argentina

Aquel año abrió los ojos de la FIBA, entidad que regula el baloncesto a nivel internacional, y surgió la idea -aunque también la necesidad- de imitar lo que el fútbol solía hacer con frecuencia antes de que la guerra azote el planeta entero: Un campeonato Mundial. Sin embargo, a pesar de la aprobación de los delegados internacionales, faltaba aquel país que quisiera asumir la organización de un torneo de semejante magnitud.

En Argentina, mientras tanto, Saúl Ramírez Manfredi, Luis Martín, Antonio Rueda, Enrique Mascardi y Fernando Ayroles, dirigentes de la Federación Argentina y la CABB, en una charla típica de cualquier café en la calle Lavalle, pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires, barajaban la idea de hospedar la competencia mundial. Rápidamente esto se transformó en una opción más concreta, por lo que esa idea pasó a ser un pedido para ser sede del primer torneo.

El punto negativo para el país residía en el talento basquetbolistico que se disponía. Si, el nivel general en Londres fue bastante bueno, pero -específicamente- el del equipo albiceleste, no. Finalizaron 15tos de 23 equipos, con cuatro juegos ganados y cuatro perdidos. Por eso, había muchos otros destinos -basquetbolísticamente hablando- para la cita mundialista.

La parte positiva surgía cuando se analizaba el contexto internacional por fuera del deporte. Con Europa recuperándose de la guerra, y con un Estados Unidos sin mucho interés por ser la sede de la competencia, además del gran momento económico que atravesaba Argentina bajo el mandato de Juan Domingo Perón, las opciones de que se cumpla aquella idea alocada que surgió en el centro porteño aumentaban. Por eso, el campeonato se jugó en la ciudad de Buenos Aires, en el estadio Luna Park.

Con esto establecido, surgió la oportunidad de que el país obtuviera una mayor visibilidad a nivel internacional. Hay que tener en cuenta que en simultáneo se iba a disputar el Mundial de fútbol en Brasil, país con el cual se mantiene una importante rivalidad en todos los ámbitos, incluso políticos, así que era el momento idóneo para superar a la nación vecina. Teniendo en cuenta todo esto, la CABB -fuertemente apoyada por el gobierno- decidió que era el momento de crear un gran equipo de baloncesto.

Las normativas para armar el plantel cambiaron. Antes solían elegirse los mejores jugadores de los mejores equipos de la Capital Federal y alrededores, pero tras una mala seguidilla de resultados a nivel internacional, Jorge Canavesi, entrenador del equipo, emprendió un viaje por el territorio nacional en búsqueda de aquellos hombres que defenderían la camiseta albiceleste. Y una vez armada la preselección, se inició un gran proceso de preparación en las instalaciones de River Plate.

La primera generación dorada del básquet | LIBROS> ... | Página12

Con entrenamientos de doble turno, salidas a correr quince kilómetros, pruebas de varios quintetos, fundamentos, etc, la calidad de los jugadores subió considerablemente y tras el correr de los meses, llegó el tan aclamado torneo.

Ganaron los cinco primeros juegos y lograron llegar al más importante de todos, la final. En Estados Unidos, ganadores del oro en 1948, se podía encontrar un rival temible, que despertaba dudas e inseguridades a los espectadores. Las diferencias de centímetros eran visibles, así como también el físico y la envergadura. Después de todo, esos hombres dedicaban mucho más al baloncesto, así que tenían una preparación mucho mayor.

Todo esto quedó reflejado en el primer cuarto de aquel 3 de noviembre. Los Yankees aprovecharon la escasez de ideas ofensivas que tenía el planteo argentino, y se fueron al primer descanso corto arriba en el marcador. El estadio, enardecido minutos antes del salto inicial, quedó mudo ante la demostración de básquet norteamericana.

Sin embargo, con el ingreso de Hugo Del Vecchio en el segundo periodo, la historia cambió totalmente. Los argentinos demostraron su mejor versión, remontaron y sacaron una ventaja de diez puntos en el entretiempo, la cual fue irremontable en la segunda mitad, así que se consagraron campeones.

La sensación de ser los mejores es indescriptible. Al principio, no lograban entender que el partido había llegado a su fín y que eran campeones. Solamente celebraron entre ellos, buscaban a sus familiares y amigos para abrazarlos, mientras que entraba en la mente de cada uno que habían hecho historia. Aún así, entre tanta alegría, nunca imaginaron que las vidas de cada uno cambiarían para siempre.

El Luna Park completamente lleno en aquel mundial

 Aquel título significó el mayor logro deportivo de Argentina hasta la fecha, siendo la medalla dorada de Delfo Cabrera en maratón, en los JJOO de Londres, el único reconocimiento capaz de ponerse a la altura. Sin embargo, el hecho de que 20.000 argentinos hayan vivido y celebrado eufóricos las noches de basketball en primera persona, le da un importante aumento de valor al oro mundialista.

Tras ese glorioso día, Perón no dudó en felicitar a aquellos hombres e invitarlos a la Casa Rosada. 

– Ustedes hicieron un mejor trabajo que 100 embajadores juntos -expresó el general- ¿Que necesitan?

Nadie respondía, era una pregunta inesperada para cualquiera. Pasó un breve silencio hasta que Perez Varela, macanudo, rompió el hielo.

– Yo necesitaría un auto para el trabajo

Así fue como el Presidente de la Nación autorizó la importación de 12 autos para que los jugadores no tuvieran que pagar impuestos. Recibir cualquier especie de remuneración por el deporte era una locura, pero como las órdenes fueron directamente del gobernador argentino, no hubo ningún problema.

Puertas adentro, con el fútbol atravesando un momento complicado, los famosos partidos en la calle no eran con la caprichosa, sino que se picaba la naranja. “La tiene Ricardo González, se la pasa a Furlong para que tire, ¡doble de Argentina!”, decían los jóvenes mientras tiraban la pelota a los balcones, que simulaban ser el canasto de una pista de baloncesto. Se habían transformado en una especie de celebridad, mientras que, a diferencia de los futbolistas, que sí cobraban por lo que hacían, solo eran hombres laburantes que, gracias al apoyo directo del gobierno, recibían la oportunidad de faltar a su trabajo cada vez que un torneo internacional se acercaba.

Obviamente, el 1950 no fue eterno, y el tiempo siguió pasando. Sin embargo, los logros de este histórico equipo no bajaron. Ya establecida como una potencia, Argentina ganó dos platas en los Juegos Panamericanos (1951 y 1955), y un cuarto puesto en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952. Es increíble como un simple cambio en la forma de prepararse pudo tener unos resultados tan positivos.

Tristemente, en cualquier día soleado puede aparecer una dura tormenta, y para estos jugadores sucedió tal cual esto. El 16 de septiembre de 1955, el Presidente Perón fue derrocado y se estableció una dictadura cívico-militar liderada por el general Eduardo Lonardi, quien autodenominó este nuevo proceso como la “Revolución Libertadora”.

Un sector de las FFAA derrocaba al gobierno de Perón. 
Una parte de las Fuerzas Armadas que derrocaron a Perón

El objetivo de estos nuevos gobernantes era erradicar el peronismo de Argentina, y no se salvó absolutamente nadie. Se creó la comisión N°49 y los comisionados salieron a cazar al deporte, siendo el baloncesto la presa más codiciada, por el importante apoyo peronista de los años previos.

Ricardo Gonzalez, base de ese equipo, señaló sobre el apoyo gubernamental: “Nunca fui Peronista, y varios tampoco lo eran, pero hay que admitir que Perón al deporte le dio una bola espectacular. Ninguno, excepto Furlong, teníamos algo, y él nos quiso premiar por nuestro esfuerzo”.

Para su mala suerte, esto provocó que 36 basquetbolistas argentinos vieran por terminadas sus carreras. ¿La excusa principal? Aquella invitación a la Casa Rosada luego de la victoria mundialista, que terminó en el permiso que recibieron para importar un auto.

Lo curioso es que el común de la gente cree que el fusilamiento al básquet nacional es obra de la dictadura. No obstante, pocos saben que, por ejemplo, Fernando Ayroles, aquel que estuvo en esa charla de café donde surgió el sueño mundialista, fue designado como interventor de la CABB. Es decir, los mismos dirigentes fueron cómplices de esta masacre deportiva.

¿Suena extraño, no? El ex periodista de la revista El Gráfico, Carlos Fontanarrosa, ha criticado duramente el accionar de estos dirigentes, además de que no fueron suspendidos por la Comisión N°49. “En realidad en el clima de desvarío vivido, los menos culpables fueron los jugadores. Después de la guerra se ajustició a los generales e influyentes del régimen nazi y no a los subordinados. ¿Por qué aquí se toma justicia con la tropa?”, dijo en enero de 1957.

Y no fueron pocos los años de este duro castigo. Desde 1957 hasta 1967,  varios de estos jugadores perdieron sus mejores épocas para jugar a lo que tanto amaban. Irónicamente, Furlong expresó: “En 1957 dejamos de jugar por propia iniciativa…. y ahora en 1967 volvemos a jugar porque queremos”.

Lo que generó más rechazo y mayor enojo, es que décadas después de todo lo sucedido hubo algunos que no mostraron arrepentimiento, e incluso estuvieron orgullosos. Luis Martín, otro nombre de aquella charla de café, comentó una vez: “Muchos podrán criticar nuestra decisión, pero cuando uno tiene un reglamento que cumplir sabe a qué atenerse. Los jugadores no cumplieron y nosotros actuamos con ese reglamento en la mano”.

Omar Monza, integrante de aquel equipo que falleció en 2017, tuvo otra visión muy diferente acerca de esta situación.

– Chino, ¿Por qué los dirigentes que festejaron con ustedes el mundial, terminaron siendo los verdugos?

– ¿Y por qué va a ser pibe? -agregó- Porque no ligaron un coche.

Esos 10 años sin los mejores jugadores del baloncesto argentino fueron como un tachón en la historia nacional. Es imposible deducir qué sería de Argentina si este hecho no hubiera pasado, pero es seguro decir que en las calles se volvió a jugar fútbol, y que las nuevas generaciones de basquetbolistas no surgieron con el mismo nivel.

La dura tarea de mantener el deporte de la naranja cayó en las manos de Ricardo Alix y Alberto Cabrera, dos nombres que, debido a su juventud, no recibieron ningún castigo en el 57’. Sin embargo, les fue muy difícil mantener la tradición basquetbolistica nacional. Alix, en los Panamericanos de 1967, declaró: “Soy un tuerto en el país de los ciegos”, haciendo alusión a que, mientras él tenía la posibilidad de jugar, había otros que lo tenían prohibido.

El primer todoterreno argentino. Alix jugaba en todas las posiciones y disputó 16 juegos con la albiceleste.

Y no solo fue Alix quien habló en el nombre de la nueva camada de baloncesto. León Najnudel, entrenador y creador de la Liga Nacional de básquet en 1985, vivió toda su vida con la misma duda: ¿Qué hubiera pasado si su generación tenía la suerte de ver en acción, de forma continua y durante muchos años a esos monstruos?.

Incluso, Najnudel comparó la suspensión con un genocidio: “A los 16 años no tenía contra quien jugar, ni con quien jugar, ni a quien emular. Y ocupé un sitio que no me correspondía porque no tenía la calidad suficiente para ser un jugador de élite. Nuestros dirigentes de antaño no tuvieron mejor idea que provocar un gran genocidio en el básquetbol argentino eliminando a los mejores jugadores del país”.

Quien sabe, capaz si no eran campeones del mundo en el 1950, nada hubiese pasado, pero no debe de haber nada más triste que querer renunciar a un logro tan hermoso e importante como lo es un Mundial, para poder obtener esos 10 años sin jugar que tuvieron todos. Omar Monza, molesto, tiene claro el porqué recibieron tal castigo.

– Chino, ¿Por qué a ningún deporte le suspendieron tantos deportistas como al básquet?

– Porque al básquet nunca le perdonaron que fuera campeón mundial.

Pero si algo está claro, es que si la “Revolución Libertadora” no tomaba el control de todo el país, no habrían pasado 54 años entre el título mundialista y el oro de Atenas 2004, porque muchísimas generaciones habrían crecido viendo a González, Furlong, etc, conseguir una infinidad de campeonatos, y se habrían sentido atraídos por el juego del basquetbol.

Sería exactamente el mismo efecto que tuvieron Emanuel Ginóbili, Luis Scola, Juan Ignacio “Pepe” Sanchez y compañía, que tras los JJOO de 2004 atraparon los corazones de una nueva generación, que en el 2019 ganó la plateada en el Mundial de China.

Así revivió el básquet argentino el mítico oro olímpico de Atenas 2004 -  Infobae
Los ganadores del oro en Atenas 2004.

Aún así, todo queda en la imaginación de cada uno, porque es imposible saber con certeza qué habría pasado si todo se hubiera dado de una forma distinta. Y es injusto y decepcionante a la vez, porque todo fanático de cualquier deporte quiere ver a su país ganar. Pero bueno, también hay que saber sacarle lo positivo a las situaciones, fue un equipo tan bueno que se requirieron de razones extradeportivas para bajarlos. Y si hay algo que nadie le va a sacar a Argentina es que, junto a Estados Unidos, son los únicos en tener un mundial y un oro en Juegos Olímpicos, y esto no sería posible si no fuese por Furlong y Ricardo Gonzalez en el 50’, y por Ginóbili y Scola en el 2004.

*La foto principal es de El Gráfico

Juma Honeker

Periodista deportivo. Jugaba al básquet y algunos dicen que me retiré por malo, pero prefiero decir que me lesioné la rodilla. Ahora solo escribo. Twitter: @JumaHoneker / Instagram: @Jumaahoneker2

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