Como lluvia en el desierto

Unos años atrás, Phoenix Suns agonizaba en las profundidades de la clasificación en la Conferencia Oeste. A pesar de contar con un joven talento como Devin Booker, la franquicia no lograba asomar cabeza luego de hundirse de lleno en un proceso de reconstrucción comenzado varios años atrás. Los méritos individuales de la estrella de 20 años contrastaban con el pobre presente del equipo. Un ejemplo perfecto: en una derrota frente a Boston Celtics, Booker anotó ni más ni menos que 70 puntos convirtiéndose en apenas el sexto jugador de la historia de la NBA en superar ese umbral.

Después de mucho tiempo, algo comenzó lentamente a gestarse. La llegada de DeAndre Ayton con el pick 1 del Draft 2018 fue la piedra fundamental de un proyecto que apuntaba a ser competitivo. También el arribo de James Jones como general manager, quien se decidió por Monty Williams para ocupar el rol de entrenador principal. El postre estaba listo: sólo faltaba la frutilla.

En paralelo, Chris Paul veía como sus Houston Rockets caían en finales de conferencia frente a los ya consagrados Golden State Warriors. Las lesiones le jugaron nuevamente una mala pasada al base en un momento clave: esta vez fue el isquiotibial, el mismo que lo había molestado allá por 2015 cuando era jugador de Clippers. Al año siguiente, mismo rival y mismo resultado, esta vez en semifinales. Tras dos temporadas en Texas haría una pequeña escala en Oklahoma, donde lideró a los playoffs a un grupo de jóvenes sobre los que había pocas expectativas. El 16 de noviembre de 2020 se oficializa su llegada como flamante refuerzo de Phoenix.

La resurrección

El destino los unió y ellos hicieron el resto. El partido de anoche frente a Clippers (poético) fue una síntesis perfecta de la gran campaña que realizaron. Hablar de los Suns equivale a hablar de un equipo con todas las letras, desde el primer titular hasta el último suplente. Todos dieron un poco de sí para alcanzar, 28 años después, las tan ansiadas Finales de la NBA.

Devin Booker cerró su noche con 22 puntos y 7 rebotes, pero los enviones anímicos que aportó cada vez que los de Arizona parecían verse superados en el cotejo no aparecen en ninguna estadística. DeAndre Ayton fue la piedra en el zapato que supo castigar la falta de altura de los locales en los momentos más oportunos. Jae Crowder, con su experiencia y su garra, se erigió como pieza fundamental para alcanzar sus segundas FInales al hilo (el año pasado lo hizo con Miami Heat). Y Cameron Payne, de quien se decía hacer un par de años que no tenía nivel para estar en la liga, dando una muestra de carácter y una lección de auto-superación.

Chris y Monty, protagonistas

Aún así, hay dos nombres que merecen sus líneas aparte. El primero es el ya mencionado Chris Paul, que se cansó de mejorar a todos los planteles de los que formó parte. En su decimosexta temporada, pudo por fin alcanzar esta instancia que tan esquiva le resultó a lo largo de toda su carrera. En el ámbito del fútbol, el periodista Fernández Moores escribió alguna vez: «Nunca me gustó la frase de que ‘el fútbol le debe a Messi un mundial’. Los mundiales se ganan. Pero sí me gustó esa otra frase que dice que ‘si Messi jamás gana un mundial que se jodan entonces los mundiales’. Ellos se lo habrán perdido. Nosotros no». CP3, aunque no tenga anillo, pasará a la historia como uno de los mejores bases que el básquet ha visto. Y nosotros, afortunados, no nos perdimos el privilegio de verlo jugar.

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El segundo nombre que amerita reconocimiento es el de Monty Williams. Cerebro y gestor de un conjunto que juega lindo y juega bien, tomó las riendas y está dejando a los Suns en lo más alto. Su dupla con Paul, con quien compartió hace ya 10 años plantel en los Hornets (que por aquel entonces estaban en Nueva Orleans), es el pilar de este proyecto y una gran parte de su vida personal: “Chris ha significado mucho para mi carrera y para mi vida. En los momentos más oscuros de mi vida, Chris estuvo ahí. [Clasificarme para las Finales de la NBA] es uno de los mejores momentos de mi carrera y él ha vuelto a estar ahí. Siempre le estaré agradecido a Dios por él y por todos los chicos”, declaró post-partido.

Vencedores y vencidos

Poco y nada que reprochar para los angelinos: sin su estrella desde semifinales, lograron imponerse en las dos series contra Dallas y Utah aún estando 0-2 por debajo. Contra Phoenix, pelearon hasta el final e incluso amagaron con estirar la serie hasta un séptimo juego. Simplemente se quedaron sin nafta frente a un equipo rival que no dudó al momento de abrochar su clasificación.

Post-temporada de redención para Paul George, quien dejó todo y un poco más; a él se le sumaron grandes apariciones como las de Reggie Jackson y Terance Mann, junto con los aportes secundarios de Marcus Morris, Nicolas Batum y un sorpresivo DeMarcus Cousins. Patrick Beverley, más allá de la olvidable anécdota por la que se fue expulsado del partido, demostró que puede seguir dando una mano importante en defensa. Todos ellos comandados por Tyronn Lue, quien supo ajustar cuando el momento lo requería aún en la adversidad. Sin lugar a dudas, una imagen muy distinta de la que dejaron en los playoffs pasados.

Lo que viene

Phoenix Suns deberá esperar por el ganador entre Milwaukee Bucks y Atlanta Hawks, que hoy disputan el juego 5 de su serie a partir de las 21:30 (en Argentina). El primer partido de las Finales está programado para el jueves 8 de julio.

*La imagen principal es de Twitter: @NBATV

Manuel Giles

Fundamentalista de Lou Williams.

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