Arrancó la Weavereta: una temporada de tanking, cambios y revelaciones

Veinte victorias y cincuenta y dos derrotas, el segundo peor récord de la liga, decoraron una temporada que lejos estuvo de ser aburrida para Detroit Pistons. La marca, la más baja de la franquicia desde 1994, en plena (corta) reconstrucción post Bad Boys, le brindará a la Motor City un pick alto del próximo Draft. Muchos movimientos de traspasos, gran desarrollo de rookies, jugadores recuperados, competencia hasta el final en casi todos los partidos y altas expectativas de cara al evento que tendrá a Cade Cunningham en la cúspide. Paradójicamente o no, todo parece marchar sobre rieles para los azulgranas.

El contexto lo es todo

Margaret Atwood, probablemente fanática de los Raptors, estaría orgullosa con esa premisa. Es imposible comprender el presente de los Pistons sin hacer un pequeño racconto. A trece años de la última victoria en playoffs (NdR: 2-4 con Boston en las Finales de Conferencia de 2008), Detroit se había dedicado a amontonar fracasos. Después de una década deambulando en torno al octavo puesto del este, la organización automotriz llevó a cabo cambios estructurales para mirar hacia adelante. El 20-46 de la interrumpida 2019/20 fue un presagio de lo que efectivamente se pondría en marcha con el arribo de Troy Weaver a la gerencia del equipo de Michigan. Ahora sí, con esta renovación, la era Stan Van Gundy había quedado en el pesado.

En líneas generales, la larga offseason de los Pistons constó de vastas ayudas comunitarias en un contexto de penurias sanitarias y sociales, la demolición del mítico Palace of Auburn Hills y una inteligente compra del equipo de G League de los Suns, luego bautizado Motor City Cruise. En cuanto al plano deportivo, la larguísima inactividad por una burbuja con los mejores equipos parecía dirigir al equipo a un ostracismo basquetbolístico: recién regresaron a unos limitados entrenamientos en septiembre, seis meses y pico después, mientras que una desilusionante lotería (pick #7) había bajado un poco el hype que respondía a la posibilidad de draftear a LaMelo Ball.

Un par de movimientos (el fichaje de Justin Patton, Dzanan Musa por Bruce Brown Jr y una segunda ronda, quizás el trade más incomprensible de la gestión Weaver, y la llegada de Delon Wright, entre otros de menor importancia) quedaron eclipsados al lado del Draft. El 18 de noviembre, en un par de horas furiosas que lo convirtieron en meme, Troy consiguió dos elecciones más de primera ronda y una de segunda. De un día para el otro, el base francés Killian Hayes (#7) y los universitarios Isaiah Stewart (#16), Saddiq Bey (#19) y Saben Lee (#38) habían desembarcado en la ciudad de los tres veces campeones de la NBA. También llegaron los agentes libres Jerami Grant, Mason Plumlee, Josh Jackson, Wayne Ellington y Jahlil Okafor. Una corta pretemporada para atenuar la manija y al ruedo, con mucho para probar y desarrollar.

Un curso esperado

Aunque la temporada se antojaba como la más interesante en mucho tiempo para los aficionados de Detroit, ni el más optimista esperaba que los automotrices pudieran pelear por un lugar en los playoffs. No solo no era factible por la calidad y experiencia del plantel, sino que tampoco era el objetivo. “No es una reconstrucción, es una restauración”, indicó un esperanzado(r) Troy Weaver. La dificultad que propone un mercado chico y poco atractivo como el estado de Michigan llevaba al nativo de Washington DC a imaginar una acotada reedificación. A fin de cuentas, y sin miedo a caer en un análisis minimalista, el rendimiento de los drafteados y la firma de agentes libres, donde no todos parten con las mismas posibilidades, determinan el futuro de una organización.

El suculento contrato de Jerami Grant (60 millones de dólares por 3 temporadas) plantaba un interrogante sobre un (importantísimo) jugador de rol de los Nuggets. Denver igualó la oferta, pero el alero quería el protagonismo que no iba a encontrar en la Mile High City. Con el sorprendente mote de jugador franquicia -y junto a su compañero Mason Plumlee (24×3)- llegó a Detroit. Día a día, semana a semana, mes a mes, Weaver, pupilo de Sam Presti, dejaba menos y menos vestigios de una etapa que ya parece estar cerrada con candado. A la sazón, quedaban los referentes Blake Griffin y Derrick Rose, pero ambos zarparon hacia pagos neoyorquinos: a día de hoy, Sekou Doumbouya (20 años) es el único sobreviviente de la temporada 2018/19. Esa es la filosofía ahora.

No es sencillo sacar conclusiones positivas de veinte triunfos sobre setenta y dos presentaciones, está claro, pero sería injusto no intentarlo. Como buen equipo de tanking, Detroit peleó hasta el final: 30 de las 52 derrotas tuvieron una brecha de 10 puntos o menos en el marcador final. Se convirtió en moneda corriente un resultado súper reñido hasta el último cuarto, período en que el equipo sucumbía. Otro de los aspectos interesantes de la campaña fue el nivel de los equipos vencidos: Boston Celtics (x2), Phoenix Suns, Miami Heat, Philadelphia 76ers, Los Angeles Lakers, Brooklyn Nets sufrieron a los dirigidos por Dwane Casey durante los primeros cincuenta días de temporada. Luego, la necesidad imperiosa de perder juegos se aleó con obligaciones ajenas para invertir esa divertida dinámica.

Durante las últimas semanas, los mejores jugadores y los veteranos se tomaron descanso con el fin de abrir espacio para los más jóvenes, probar alternativas de cara a lo que viene y seguir bajando puestos en la tabla que importaba, la de los porcentajes de lotería. Houston Rockets (17-55) fue inalcanzable, pero nueve derrotas los diez compromisos finales le posibilitaron una marca de 20-52 a los Pistons, tan solo “superada” por la de unos tejanos viudos de James Harden. Oklahoma City Thunder (22-50), Orlando Magic (21-51), Cleveland Cavaliers (21-51) y Minnesota Timberwolves (23-49) son los otros equipos que animarán el evento que se desarrollará el 22 de junio, en el medio de los playoffs (who cares) y cinco semanas antes del Draft.

Hace un par de años, la NBA retocó las probilidades de la lotería con el objetivo de combatir el tanking (en criollo, perder a propósito para obtener una mejor selección); Detroit cuenta con un 14% de chances de conseguir el primer pick, al igual que Houston y Orlando. 13.4% para el #2, 12.7% #3, 11.9% #4, 27.8% #5 y 20.1% #6 completan el abanico de posibilidades de los Pistons, por lo que tienen asegurado un pick top 6. En los últimos cuarenta años, los azulgranas tuvieron ese privilegio en tan solo en tres ediciones: Isiah Thomas (#2 en 1981), Grant Hill (#3 en 1994) y el fatídico Darko Milicic (#3 en 2003 vía Memphis). No es usual en la Motor City escalar posiciones en este apasionante evento, pero ahora el azar determinará su porvenir. Job’s finished, diría Kobe.

Incurriendo en un análisis global, vale tomar las ambiciosas palabras de Dan Wetzel (Yahoo Sports), quien calificó al tanking de Detroit como, potencialmente, uno de los mejores en toda la historia de la NBA. Muchísimas derrotas, la salida de veteranos costosos, el desarrollo de talentosos jóvenes con futuro en el equipo, el contexto (pandemia, público limitadísimo) y el hype generado en los aficionados configuran un cóctel que llena de esperanzas a quienes añoran triunfos como pocas comunidades en la liga. Y todo esto, siempre, sin dejar de competir. “No iba a ser cauteloso, eso no es lo que soy”, afirmó Weaver, quien ejecutó 10 trades y múltiples firmas en menos de un año al mando. A diferencia de los Rockets, los Pistons perdieron, perdieron y perdieron, pero en paralelo forjaban un gran inicio de reconstrucción.

No tienen paz

Antes de puntualizar sobre los que ‘están’, vale repasar algunas caras que ‘pasaron’. Una de las características de la temporada -y de Troy Weaver como general manager- fue la gran cantidad de traspasos en los que los Pistons se vieron involucrados. Sin volver a los del Draft o previos (aquí, el roster inicial del curso), podemos destacar cuatro o cinco movimientos del conjunto de la División Central.

Con tantos diamantes en bruto por pulir (o algo así), las primeras dudas de la campaña se posaban sobre el rol que iban a ocupar las estrellas veteranas Blake Griffin y Derrick Rose, no-curiosamente los primeros en dejar el barco, mutuos acuerdos mediante. Tras ejercer unas semanas como mentores y jugar sin mostrar sus mejores versiones, DRose, el MVP más joven de la historia, que encontró en Detroit un hogar donde relanzar su carrera, fue traspasado a New York Knicks por Dennis Smith Jr y una segunda ronda del próximo Draft (vía Charlotte). La apuesta no salió del todo bien, pues DSJ no exhibió una gran versión, pero el ex Bulls no iba a firmar como agente libre con los Pistons, por lo que el movimiento fue, a fin de cuentas, un win-win.

La historia de Blake Griffin, por su parte, fue una de las más interesantes de la temporada. Recién llegado a Michigan, dio una de las mejores versiones de su laureada trayectoria (fue All Star y All NBA en la 2018/19), pero las lesiones terminaron de disminuir su físico -o eso nos hizo creer- y su rol/rendimiento cayó en la misma sintonía. Su contrato mega “tóxico” no permitía a nadie imaginar a un equipo interesado en absorberlo, por lo que la franquicia y el jugador acordaron un buyout a comienzos de marzo, semanas después de relegarlo de la rotación hasta resolver su situación contractual. El oriundo de Oklahoma resignó $13.3 millones (cobrará 29.8 palos verdes de Detroit en la 2021/22) y firmó por el mínimo de veterano con Brooklyn Nets, enrolándose a un súper equipo para buscar el primer anillo de su carrera.

El 13 de marzo, cuando la liga se preparaba para el trade deadline, Weaver volvió a patear el tablero. Adquirió a Hamidou Diallo, interesante y atlético joven que no formaba parte de los planes a futuro del Thunder, por el ucraniano Sviatoslav Mykhailiuk y una segunda ronda de 2027. OKC sumó otro activo del Draft y a un tirador de tercer año, mientras que Detroit le dará una oportunidad a Hami para convertirse en un jugador central del proyecto a mediano/largo plazo de la franquicia, cediendo a un jugador que no se había terminado de consolidar como tirador. A diferencia de las otras negociaciones, en esta los Pistons buscaron mejorar su plantilla a corto plazo, con el deseo de encontrar un jugador clave para el futuro.

El último trade de la organización de Tom Gores, en el marco de una jornada límite récord, llegó sin mucha ambición. Delon Wright, quien se revalorizó por el gran nivel que mostró bajó las órdenes de Casey, partió hacia Sacramento Kings, organización que entregó a cambio a Cory Joseph y dos segundas rondas del Draft (2021 vía Lakers y 2024 de Kings). Otra buena noticia, ya que recuperaron un par de picks sin dar un jugador que pareciera emerger como estrella a largo plazo. El último en sumarse fue Tyler Cook, atlético ala-pivot que atravesó contratos de diez días para ganarse merecidamente un hueco en el roster y en una rotación diezmada.

Durante la semana final de regular season, la franquicia le extendió el contrato a Dwane Casey un año, es decir, hasta 2024. ¿Los motivos? El desarrollo que el staff consiguió en los jóvenes novatos Saddiq Bey e Isaiah Stewart, la fuerza competitiva de un equipo sin estrellas rutilantes, el inmenso salto de Jerami Grant y el progreso de Josh y Frank Jackson, fundamentales en la segunda unidad del equipo. El mejor entrenador de la temporada 2017/18, cuando dirigía a los Raptors, es bien considerado por el propietario y tiene una gran relación con Weaver y los jugadores.

El tiempo diría si Casey es el medio (como en Toronto) o también el fin (en Canadá fue Nurse), pero en principio el campeón de la NBA en 2011 como asistente de Rick Carlisle tiene tiempo, factor clave para los procesos a mediano o largo plazo. En mayor o menor medida, la lotería y el Draft (Cade Cunningham, Evan Mobley, Jalen Green, Jalen Suggs y Jonathan Kuminga conformarían el top5) determinarán la suerte de Detroit, ciudad-mercado poco llamativa para agentes libres, pero el laburo interno encauzará a un equipo hacía un potencial campeonato o lo dejará en el olvido. A continuación, repasamos algunos casos particulares y aspectos de la temporada más divertida en más de una década para la Motor City.

De incógita y overpaid a jugador franquicia, casi All Star y casi MIP

Durante sus años en Oklahoma City y Denver, Jerami Grant se había erigido como un gran jugador de rol. Como excelente defensor, atlético jugador y fiable opción en ataque, el hijo de Harvey, sobrino de Horace y hermano de Jerian parecía tener por delante una extensa carrera en la élite. Sin embargo, cuando los Pistons le ofrecieron sesenta millones de dólares por temporada -y los Nuggets igualaron la propuesta- las dudas se posaron sobre la capacidad del alero. Grant rechazó la oferta de Denver (fue sign-and-trade), ya que quería un rol que en Colorado no iba a alcanzar y, según comentó meses después, ser entrenado por un head coach negro. Los finalistas de conferencia lo extrañaron sobremanera en su rotación, pero Jerami estaba listo para un gran desafío en su carrera.

La incógnita residía en su capacidad para pasar de ser tercera o cuarta opción en ataque a primera espada en ofensiva. Un primer partido flojo parecía avalar las dubitaciones, pero en los siguientes veintitrés cotejos al oriundo de Portland se lo notó desatado: 25 puntos (46%tc, 40%t3, 87%tl), 5.7 rebotes, 3 asistencias, 0.8 robos y 1.2 tapones en 36.5 minutos. Partido a partido, Grant rompía un nuevo récord de anotación prematura de la rica historia de los Pistons. Semana a semana, el pick #39 del Draft de 2014 demostraba su exigente defensa y legítimo ataque, denotando recursos a rolete y una gran efectividad, aspecto que quizás ni los Weaver y los Casey imaginaban. Así, casi sin pensarlo, Grant emergió como máximo candidato al Jugador con Mayor Progresión (MIP) y como un potencial All Star.

Su gran rendimiento, un poquito en baja hacia el mini All Star Weekend tardío, le permitió mantenerse entre los diez forwards más votados de la Conferencia Este; aunque finalmente no integró la nómina para el Juego de las Estrellas -quizás, en líneas generales, fue de las ausencias más resonantes-, Grant dejó en claro que era un tipo con calibre estelar. Avanzada la temporada, el costo físico de asumir un rol ofensivo (y defensivo) tan importante empezó a damnificar la eficiencia de Jerami; disminuyeron sus porcentajes de tiro y la cantidad de rebotes, mientras que sus pérdidas de balón subieron ligeramente. A fin de cuentas, entre descanso y tanking, el producto de Syracuse se perdió 15 de los últimos 21 partidos (9 de los 10 finales) de un curso que lo tuvo en el foco.

Merced del crecimiento de su tasa de uso (de 18 a 28.5%), Grant experimentó una mejora poco usual. En sus primeras seis temporadas, había alcanzado en tan solo seis ocasiones los 25 puntos (454 partidos), mientras que en el curso actual lo hizo 23 veces (54 juegos). Nunca había sumado 30 tantos en una noche, cifra que en la 2020/21 logró en 9 oportunidades. El brutal crecimiento de sus guarismos (de 12 a 22.3 puntos, de 3.5 a 4.6 rebotes, de 1.2 a 2.8 asistencias, de 0.8 a 1.1 tapones y de 26.6 a 33.9 minutos), acompañado de correctos porcentajes de tiro (43%tc, 35%t3, 85%tl) lo catapultaron a la terna del Most Improved Player. El premio mayor se lo llevó Julius Randle, pero el jugador de 27 años cerró segundo con 140 puntos (2 votos para el primer puesto, 33 para el segundo y 31 para el tercero).

El rookie maravilla

Weaver sabía algo que el resto no cuando se involucró en un enorme trade a tres bandas con Los Angeles Clippers y Brooklyn Nets, dos equipos contendientes al título. A grosso modo, debió prescindir de Luke Kennard, uno de los jugadores más antiguos del roster y queridos de la afición, para conseguir la decimonovena elección de un Draft que lo tuvo como protagonista. Su capacidad para identificar talento donde otros no lo ven, forjada como número 2 en OKC y durante su época de entrenador asistente universitario, lo llevó a ceder a un jugador que quizás no formaba parte de los plantes de la organización a futuro (15.8p/2.6r/1.7a en la 2019/20).

La elección de Saddiq Bey, un joven que había pasado sus dos años previos en el gran programa de la Universidad de Villanova, generó interés en muchos scouters que incluso lo proyectaban en la lotería. Gran triplista, buen defensor -dícese de 3&D- y físico jugador. Con esas características, Bey parecía un chico adaptado al básquet moderno y listo para competir en la NBA. No obstante, su performance superó ampliamente las expectativas. El nativo de Charlotte, pichón de Blake Griffin en sus primeros meses, promedió 12.2 puntos, 4.5 rebotes y 1.4 asistencias en 27.3 minutos. Durante sus 70 partidos (53 como titular), promedió .404 de tiros de campo, .380 desde el perímetro (2.5 de 6.6) y .844 de libres. Incurriendo en un pequeño salto temporal, no caben dudas de que Saddiq formará parte de la estructura de Detroit a largo plazo.

Con 175 bombazos, Bey lideró en triples a toda su camada y se transformó en el novato con más conversiones exteriores en la historia de la franquicia, quedando cerca del récord total (pese a haber contado con una campaña de 72 juegos en vez de 82, solo lo superan Allan Houston -191-, Blake Griffin -189- y Chauncey Billups -184-). Quizás una de las marcas más impactantes de Bey, sexto en puntos y decimoquinto en rebotes dentro de los muchachos de primer año, es la de partidos con 5 o más triples: con 13 noches de este tipo, superó con margen la plusmarca establecida previamente por unos tales Allen Iverson y Stephen Curry (también sentó récord de 4+ [21] y de 6+ [5]). Sin ánimos de comparar a Saddiq con esas leyendas, demostró estar a la altura de las circunstancias.

El ganador del Julius Erving Award de 2020 integrará, salvo sorpresa mayúscula, el primer quinteto de rookies de la temporada. Se mantuvo todo el curso dentro del top rookies semanal de la NBA y logró el mayor promedio de anotación de un novato de Detroit desde 2012, pero para entender su impacto debemos situarnos en febrero de 2021. Merced de sus altísimos guarismos (17.8p/5.5r/2a/4t3 en 26.1′) fue elegido mejor jugador de la semana en la Conferencia Este, convirtiéndose en el primer y único rookie de su camada en lograr semejante honor y en el primer novato desde Arvydas Sabonis (1996; segundo de los Pistons, tras Kelly Tripucka en 1982). En este artículo analizamos el gran rendimiento de Bey, quien tuvo un pico en ‘su’ noche de 30 puntos, 12 rebotes y 7/7t3 -récord de franquicia- en 27 minutos para asaltar el mismísimo TD Garden.

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Beef Stew y cuatro más

Para conseguir a Isaiah Stewart con el decimosexto pick, los Pistons cedieron una primera o segunda ronda futura del Draft. El sign-and-trade de Christian Wood se vio implicado en este intercambio con los Rockets, que a priori parece haber florecido la plantilla automotriz. El producto de la Universidad de Washington, segundo o tercer mejor pivot de la camada, cerró la campaña como líder de rebotes (totales, ofensivos y defensivos) y tapones entre los rookies. Además, se ubicó sexto en porcentajes de tiro (.553, tercero con al menos 8 partidos), duodécimo en puntos totales y quinto en partidos disputados (68). TW lo tenía claro: quería un armador (Hayes), un triplista (Bey) y un rebotero (Stewart).

No obstante, lo que más gratamente sorprendió a los fanáticos azulgranas fue lo que la gerencia buscaba en él, un espíritu de lucha y laburo propio de la ciudad de Detroit. Stewart, de 20 años recién cumplidos, encarna en su cuerpo 203 centímetros, muy pequeño para pivot e incluso algo chico para ala-pivot, la cultura de la franquicia, desde los Bad Boys hasta el equipo del futuro Hall of Famer Ben Wallace, su mayor inspiración, y compañía. Esos tipos que nunca dan una pelota por perdida, que en cada ingreso al parqué ponen todo de sí y agarran rebotes que ni el más optimista creía posibles son los que los Pistons buscaron para empezar a restablecer la filosofía que tanto los caracterizó.

Lo más probable es que Beef Stew también ocupe un lugar entre los quintetos de rookies. Fue el mejor pivot de primer año, pero como esos equipos no distinguen posiciones, seguramente estará en el segundo conjunto de novatos. El neoyorquino, asiduo miembro de las selecciones nacionales juveniles, promedió 7.9 puntos (.553tc, .333t3, .696tl), 6.7 rebotes (2.3of), 0.9 asistencias, 0.6 robos y 1.3 tapones en 21.4 minutos, números impactantes extrapolándolos a 36′: 13.3 tantos, 11.2 tableros y 2.1 bloqueos. ¿Sus mejores presentaciones? La planilla de 15 puntos, 21 rebotes (9of), 3 asistencias y 2 tapones en la victoria de abril ante el Thunder o la jornada de 20p10r3b contra los Mavericks durante el mismo mes.

En sus últimos 15 juegos (10gs), promedió 12p/9.3r(2.9of)/2.1b en 27.2′, dígitos más que alentadores para lo que viene. Además, se transformó en uno de los seis novatos de Detroit con un juego de 20 rebotes (primero desde 1977), rompió un récord de franquicia entre jugadores de primer año con seis partidos consecutivos de al menos 2 tapones y fue uno de los nueve players de toda la liga con múltiples bloqueos en 26+ cotejos. Stewart, consensuado recluta de cinco estrellas, se cruzó con Blake Griffin en su regreso a Michigan y demostró el carácter que lo podrá llevar al éxito a lo largo de su prometedora carrera.

Points de suspension en français

Pese a los grandes rendimientos de Bey y Stewart, el rookie que más expectativas generaba en el estado de Michigan era Killian Hayes, séptima elección del Draft y para algunos especialistas el tipo con más talento y proyección de la camada. El francés nacido en Florida, oro-MVP del Europeo Sub16 de Montenegro 2017 y plata-quinteto ideal del Mundial Sub17 de Argentina 2018, llegaba con vastos pergaminos mostrados en Cholet (Francia) y Ulm (Alemania) para su corta edad, apenas 19 años cumplidos en julio de 2020. A diferencia de sus compañeros, se creía que su adaptación al básquet NBA iba a demandar más tiempo, tanto por tratarse de un base creativo como por no haber jugado al más alto nivel (a menos que seas Luka Doncic, a todos los adolescentes les cuesta trasladar lo mostrado en Europa a Estados Unidos).

Lamentablemente, en su séptimo partido con la camiseta de los Pistons, Hayes sufrió un desgarro en lábrum de la cadera. Este grave menoscabo, verdugo de varias carreras deportivas, amenazó sobremanera la campaña de novato del europeo, pero la organización decidió tratarlo sin cirugía, método que inevitablemente habría terminado su año prematuramente. Si bien es cierto que Killian había mostrado poco y nada durante sus dos primeras semanas en la élite (4.6p/1.1r/3.6a y bajísimos porcentajes de tiro en 21.1′), nadie esperaba una performance top dadas las circunstancias. A partir de la lesión, el joven talento se perdió 41 partidos consecutivos, regresando a la duela recién el 3 de abril con limitación de minutos y descansando en los back-to-back.

Tyler Cook junto a los tres rookies de primera ronda de Detroit, donde contaron con una importante cuota de minutos – Chris Schwegler/NBAE via Getty Images

En sus últimos 18 juegos (11 titularidades; a diferencia del comienzo del curso, volvió de la lesión como suplente), Hayes promedió 8 puntos, 3.1 rebotes, 6.1 asistencias y 1.4 robos, cifras definitivamente más prometedoras. Se lo vio más suelto con el balón, más cómodo para tirar -mejoró su eficacia, pero sigue siendo un aspecto a perfeccionar con cierta urgencia- y, en definitiva, mucho más protagonista que en el tramo inicial de la campaña, incluso contando con tiros en el clutch. Sus promedios totales (6.8p/2.7r/5.3a/1s/0.4b en 25.8) no son quizás lo que se esperaba de él, pero dejó destellos de crack y mostró una gran capacidad para armar juego y encontrar compañeros libres.

A lo mejor no sea el salvador, pero sí un jugador de vital importancia para el futuro de la franquicia. Entre el 14 de abril y el 14 de mayo, Hayes encadenó 14 cotejos a hilo con al menos 5 asistencias, uniéndose a Isiah Thomas como los únicos novatos de los Pistons con semejantes rachas (IT sumó 17 en la 1981/82). La liga de verano se llevará a cabo del 8 al 17 de agosto en Las Vegas; Detroit mandará, entre otros, a sus rookies 2020 y 2021 a una Summer League súper importante, teniendo en cuenta que el Core Four, bautizado así por Weaver, tuvo una primera offseason súper corta: no hubo Summer League, el training camp fue corto-atípico y los amistosos de pretemporada fueron limitados. Especialmente para Killian, esta temporada baja será clave en el gimnasio y en la duela.

Recuperados en acción

En el Draft de 2017, los Pistons seleccionaron a Luke Kennard con el duodécimo pick. Difícil sería juzgar su elección si los siguientes reclutados no fueran Donovan Mitchell y Bam Adebayo, dos All Stars con potenciales de estrellas. Aquella camada, que incluyó un top formado por Markelle Fultz, Lonzo Ball y Jayson Tatum, también tuvo a De’Aaron Fox en el quinto escalón (barras, barras, pensalas) y a varios buenos jugadores de rol desperdigados. Pero apuntando a lo que nos concierne, Detroit cuenta con tres players de esa generación: Josh Jackson (#4), Dennis Smith Jr (#9) y Frank Jackson (#31). Uno de los principios de la reconstrucción es, sin lugar a dudas, brindarles segundas oportunidades a chicos con proyección que por algún motivo no pudieron demostrar su talento.

El caso más paradigmático fue el de Josh (24 años), drafteado por unos Suns que no daban pie con bola en ningún sentido. JJ no es ni será una estrella, está claro que haberlo elegido por encima de otros muchachos fue un error, pero sus promedios de 13.1.p4.6r1.5a1s no constituyeron una mala temporada de rookie. Sin embargo, el nulo progreso y problemas extradeportivos se hicieron moneda corriente y Phoenix lo descartó después de su año de sophomore. Josh recaló en Memphis, donde apenas disputó 22 juegos y alternó con el equipo de la Liga de Desarrollo. Al menos en un rol importante dentro de una rotación, a Jackson se lo veía más afuera que adentro de la liga… hasta que llegó Weaver. Memphis no hizo uso de su opción y Detroit lo firmó con un contrato de dos años por 9.8 millones de dólares.

Sin grandes referencias ofensivas, todos los números se verán algo “inflados”, pero el nivel que exhibió Josh desde el día uno, con altibajos lógicos para cualquier jugador, fue realmente positivo. Partiendo casi siempre desde el banquillo, se erigió como un gran defensor (0.9 robos y 0.8 tapones), emergió como referencia ofensiva de la segunda unidad (máximos de carrera con 13.4 puntos y 2.3 asistencias) y complementó con una buena cuota reboteadora (4.1) en 25.2 minutos, aproximadamente la media de su carrera. Un ítem a mejorar es el perimetral (30%t3), pero su eficiencia de tiro (.473) fue superior a la de los tres años previos. Jackson tendrá que abrazar este nuevo rol, quizás diferente al que imaginaba cuando fue drafteado cuarto en 2017, pero podrá rendirle muchos dividendos a Detroit, su lugar de crianza, en caso de centrarse definitivamente.

Frank, su no-hermano de 23 años recién cumplidos, atravesó una etapa tan diferente como similar. Abrió la segunda ronda de ese Draft, por lo que no tenía sobre sí tantas expectativas, pero su buen rendimiento en New Orleans Pelicans no fue del todo retribuido. Después de dos temporadas (7.2p en 16.4′), unos pelícanos cargados de talento joven no le renovaron el contrato y el Thunder lo firmó por 2 años y 5.3 millones de dólares (un mínimo) a comienzos de diciembre. No obstante, Oklahoma City lo cortó diecisiete días después y el producto de la prestigiosa Universidad de Duke quedó nuevamente a la deriva. Ahí apareció la Motor City para ofrecerle un vínculo bidireccional.

Los Jackson en acción marcando a Devin Vassell – AP Photo/Carlos Osorio

Por las atípicas circunstancias, Frank nunca jugó con el equipo Grand Rapids Drive, pero sí tuvo la oportunidad de hacerlo con los Pistons y no decepionó. Sus promedios de temporada (9.8 puntos, 2.2 rebotes y 0.9 asistencias en 18.5 minutos) se ven muy alterados por el rol de garbage time que cumplió en sus primeros meses. Si solo contabilizamos los partidos disputados desde mediados de marzo, llegamos a estas medias: 12.1 puntos (47%tc, 42%t3, 81%tl), 2.5 rebotes y 0.8 asistencias en 22.1 minutos (31pj, 6 titularidades). El oriundo del distrito federal cuenta con una enorme capacidad para anotar -una especie de Jordan Clarkson en potencia- y puede llevar la base o jugar como escolta -limitado por sus 190 cenímetros-. Jackson remó a contracorriente y hoy día parece haberse ganado un contrato para la próxima temporada, donde podría tener un rol clave desde el banquillo.

El último caso a analizar es el de Dennis Smith Jr, prometedor novato de los Mavericks (15.2p3.8r5.2a en 29.7′) que debió irse ante la llegada de Luka Doncic, un talento generacional que demandaba mucho la pelota. En los Knicks, su cantidad de minutos -ergo, su aporte- fue menguando hasta el punto de pedir jugar en la burbuja de la G League para probar su valía. Los Pistons identificaron esta situación y llegó a Detroit en febrero como moneda de cambio de Derrick Rose. Una lesión en la rodilla izquierda lo alejó del parqué en los últimos 19 partidos y no le permitió demostrar que merece un lugar en el róster, pero noches casi consecutivas como las de Sacramento (17p6a) y Toronto (10p12r11a3s, triple doble) dieron a entender que su inclusión en el segundo mejor quinteto de rookies de 2018 no había sido casualidad.

Es difícil que DSJ (7.3p2.7r3.7a1s0.7b en 19.6′) continúe en Detroit por la superpoblación de bases, pero seguramente este atlético guardia de 23 años y 188 centímetros podrá hacerse un hueco en la liga. Un ejemplo más de recuperación es el de Tyler Cook, quien atravesó un par de contratos de diez días para ganarse el pan hasta el final de la temporada. El oriundo de St Louis, Missouri, compañero de Jayson Tatum en high school, de gran rendimiento en la G League y pocas oportunidades en la NBA, promedió 5.5 puntos, 3.3 rebotes, 0.5 asistencias y hermosas volcadas en 15 minutos (28pj, 1gs), poniendo presión para obtener un lugar en la nómina de cara al próximo curso. El invaluable esfuerzo en ambos lados de la cancha y una impactante capacidad atlética son las principales características de este ala-pivot de 23 años que podría ser un suplente de valor.

Popurrí de juventud: Lee, Doumbouya, Sirvidys y Diallo por Mykhaliuk

Antes mencionamos el concepto Core Four, pero solo abordamos el rendimiento de tres rookies. El cuarto en discordia, Saben Lee, llegó con el pick #38 del Draft. Promedió 5.6 puntos, 2 rebotes, 3.6 asistencias y 0.7 robos en 16.3 minutos (48pj, 7gs). Como con Jackson y Smith Jr, la lesión de Hayes y la salida de Wright abrieron espacios para jóvenes guardias con ganas de demostrar. Lee, quien jugó con un contrato dual, convenció con partidos de 22, 21, 20 y 19 puntos, por ejemplo, o con diecisiete noches de al menos 5 asistencias. Este desfachatado novato aprovechó sus limitadas chances y se aseguró un lugar para el próximo año, siempre prestando atención al Draft venidero (elegir a Cade Cunningham, por ejemplo, complicará los minutos de acción de estos jóvenes).

Sekou Doumbouya, el único superviviente de la temporada 2018/19, fue quizás una de las mayores decepciones de la campaña (5.1p2.6r0.8a en 15.5′, 56pj y 11gs). Su baja efectividad detrás del arco complica a alguien que no termina de ser un un tirador, un jugador de poste ni un cortador. El francés de tan solo 20 años, punto importante a tener en cuenta, fue muchas veces relegado por Casey y se lo notó falto de confianza. Pese a las malas, podemos encontrar un aspecto positivo en sus últimos ocho partidos: 11.5 tantos, 4.9 tableros y 1.5 pases-gol en 28.1 minutos dan algo de lo que agarrarse para imaginar un progreso que le da larga vida en la liga más competitiva del mundo. Luego de dos temporadas muy atípicas, Sekou deberá aprovechar esta offseason para fornirse físicamente y prepararse de cara a un curso clave en relación a su continuidad.

Menos hay para decir de Deividas Sirvydis, novato lituano elegido con el pick #37 del Draft de 2019 que pasó un año más jugando en Europa, específicamente en el Hapoel Jerusalem israelí, y debutó con la escuadra automotriz en enero de 2021, aunque recién durante el último mes, con varias bajas en el equipo, experimentó tiempo real en la cancha. Sus números, poco evaluables por la cantidad de minutos (6.7, 20pj) fueron 2.1 puntos, 1.5 rebotes y 0.3 asistencias con un correcto 36% desde el períemtro, quizás la mayor arma de este escolta de 20 abriles. Poco se sabe de su futuro (firmó un contrato de 3×4.2 en diciembre y formará parte de la Summer League de Las Vegas), pero tampoco descolló como para ser considerado una prioridad.

Tampoco tiene mucho sentido puntualizar en Sviatoslav “Svi” Mykhailiuk, tirador ucraniano que dejó la disciplina detroitina tras 95 partidos repartidos en tres temporadas, dos de ellas incompletas (8p1.9r1.8a y 38%t3). A cambio, llegó Hamidou “Hami” Diallo, súper atlético escolta/alero (ganó un concurso de volcadas) que venía teniendo un gran rendimiento en un Thunder en reconstrucción. Presti quería más rondas del Draft y no contaban con él a largo plazo, por lo que Weaver se metió y consiguió a este gran valor, que promedió 11.2 tantos, 5.4 tableros y 1.2 servicios (23.3′) en 20 cotejos con los Pistons. Habrá que prestarle atención a Diallo (22 años), ya que tiene el potencial para convertirse en un jugador muy importante. Presencia física y defensiva, tiro exterior en alza (39%t3), correcto manejo de balón y tendencia a buscar el aro o cortar, sus principales características.

Miscelánea de veteranía: Plumlee, Ellington, Okafor, McGruder, Joseph por Wright y adiós a Rose y Griffin

A medida que los jóvenes iban reclamando mayores minutos sobre la duela, algunos veteranos fueron cediéndolos. Blake Griffin y Derrick Rose, las caras visibles de los Pistons el último tiempo, emprendieron camino hacia Nueva York: ambos están disputando los playoffs de la NBA, el primero en los Nets y el segundo en los Knicks. Muy valorados por los hinchas y la organización sus respectivos aportes en mentoría, veteranía y rendimiento, todos sabían que sendas relaciones habían llegado a un punto final. De este modo, los comunes acuerdos separaron a los Pistons de Griffin y Rose, laureados basquetbolistas que quieren coronar sus carreras con un anillo.

Detroit Pistons
Reggie Jackson (Clippers), Blake Griffin (Nets), Andre Drummond (Lakers) y Derrick Rose (Knicks), jugadores de rol de equipos contenders angelinos y neoyorquinos, dejaron el barco entre la 2019/20 y la 2020/21 – Kirthmon F Dozier, Detroit Free Press

A Delon Wright, guardia de 28 años que aprovechó los minutos que dejó Hayes con su lesión, bien podríamos haberlo colocado en la lista de ‘recuperados’, pero su salida en el deadline no permite evaluar de la misma manera su temporada reivindicativa: en Detroit, 10.4 puntos, 4.6 rebotes, 5 asistencias y 1.6 robos en 29.2 minutos, casi todos máximos de su carrera. A cambio llegó el veterano canadiense Cory Joseph (29), gratísima sorpresa por su performance en los últimos 19 juegos: 12 tantos, 3.2 tableros, 5.5 pases-gol y 1.2 hurtos en 26.4′. El equipo no peleaba por nada, es cierto, pero el ex Spurs, Raptors, Pacers y Kings hizo méritos para seguir: solo 2.4 millones de los 12.6 que tiene firmados para la 2021/22 están garantizados. ¿Continuará?

Wayne Ellington, veterano tirador de mil batallas, regresó a Detroit y experimentó la mejor temporada de su carrera en cuanto al tiro. Tramos de temporada como el de enero, cuando promedió 13.6 puntos con un .552 detrás del arco (3.7 de 6.7) hacían pensar que se iba a ir traspasado por algún joven o un activo del Draft en el deadline, pero eso no sucedió y Ellington, agente libre este verano septentrional, tendrá libertad de acción. No se antoja como una mala opción renovarle por el mínimo de veterano a este escolta que finalizó con una dignísima planilla general de 9.6p1.8r1.5a y .422t3 (2.5 de 6) en 22 minutos. Rodney McGruder (5.7p1.4r1a), en cambio, tiene una temporada más del contrato (5.4M) que le firmaron los Clippers, pero no hizo méritos para ser parte de los planes a futuro de Detroit.

El mejor veterano de los Pistons esta temporada fue Mason Plumlee. Su contrato de 24.7 millones por 3 temporadas dejó, en primera instancia, mucha tela para cortar, pero el pivot suplente de los Nuggets durante tres años y medio respondió acorde a su pago. Los 10.4 puntos, 9.3 rebotes (2.6of) y 3.6 asistencias, todos récords personales para el Duke Blue Devil de 31 años, fueron acompañados por 0.8 robos y 0.9 tapones en 26.8 minutos repartidos durante sus 56 titularidades. Logró 16 dobles dobles y, más impactante, 2 triples dobles: 17p10r10a el 14 de febrero (Pelicans) y 14p11r10a el 3 de marzo (Raptors). Plumlee finalizó como el undécimo jugador con más volcadas de la liga, pero solo un integrante del top10 tuvo menos minutos que el rubio de 211 centímetros. Además, cerró decimoquinto en porcentajes de tiros de campo (.614) entre los players que disputaron al menos 55 partidos.

A causa de las lesiones, la otra cara de la moneda fue Jahlil Okafor, tercer pick del Draft de 2015 (Philadelphia 76ers). El pivot firmó en la temporada baja por el mínimo de veterano (2 años x 4 millones, tiene uno más de vínculo con Detroit) y apenas pudo disputar 27 partidos por una lesión en los meniscos de su rodilla izquierda que lo marginó desde fines de enero hasta comienzos de abril. Okafor, de 27 años, volvió con un rol un poco mayor, pero sus promedios de 5.4 tantos y 2.4 tableros en 12.9 minutos, con diferencia los más bajos de su carrera, están muy lejos de su temporada de novato de 17.5/7 tableros en The Process. No es un mal activo por dos palos verdes, pero seguramente Jahlil soñaba con algo diferente para una carrera que parece apagarse poco a poco.

Detroit Pistons 2020/21
Según Dan Wetzel, podemos estar ante uno de los ejores tankings de la historia – Nic Antaya / Getty Images
Una offseason clave: sangre, sudor y lágrimas

“Va a haber mucha sangre, sudor y lágrimas. Si van a usar el uniforme de los Pistons, van a trabajar este verano”, indicó un ambicioso Troy Weaver. Los jóvenes regresarán a los entrenamientos a comienzos de junio, según comentó el entrenador Dwane Casey, pero el primer gran objetivo de la organización llegará el 22 del mismo mes, con la lotería del Draft que le tiene asegurado un pick top6 (80% de top5, team con más chances) por primera vez en décadas. El azar deparará el orden en que los Pistons elegirán el 29 de julio. Detroit no cuenta con su segundo pick (#32), pero sí con tres elecciones de segunda ronda (#37, #42 y #51, de Raptors, Hornets y Lakers, respectivamente). Sin muchas certezas al respecto, la oficina de la franquicia podría draftear jugadores y dejarlos crecer entre training camps y G League/Europa o cambiar estos picks por jóvenes/elecciones futuras.

Después de una temporada baja excesivamente atípica, la venidera será clave para el desarrollo de muchos jóvenes. “Tengo mucho trabajo por hacer. Se acerca un gran verano y estaremos listos para la próxima temporada”, indicó Killian Hayes. “La voy a aprovechar al máximo. Siento que definitivamente voy a mejorar mucho por mi ética de trabajo y como soy como competidor y jugador”, agregó Saben Lee. Con esa ambición y alguna potencial-futura estrella que se sumará proveniente del Draft, los Pistons -podrían tener alrededor de $20M de espacio salarial- añadirán un trabajo que podrá rendir frutos a mediano o largo plazo. Aún no hay fecha para el comienzo de la próxima campaña (se antoja lógico imaginar el salto inicial en noviembre), pero Detroit ya se pone en marcha.

Es probable que el año que viene, finalizada la 2021/22, nuevamente hablemos de un equipo fuera de playoffs, pero estas restauraciones -lamentablemente- no conllevan magia. Trabajo, ojo para identificar talento, trabajo, capacidad para desarrollar jóvenes, trabajo, adquisiciones clave y más trabajo, esa es la fórmula del éxito. Con el ojo para ver lo que otros no de Weaver y la mano para pulir diamantes en bruto de Casey, como demostró en Toronto con los VanVleet y los Siakam, este equipo sueña con volver a ser. Años deambulando finalizaron para seguir a rajatabla un plan que empezó hace meses y no va a parar hasta devolverle la grandeza a una ciudad sin tantas luces, pero con mucho amor por el básquetbol. Si la suerte los acompaña, desde la próxima temporada será con un Cade Cunningham en la plantilla.

Detroit Pistons 2020/21

*La foto principal es de Nic Antaya/Getty Images. Se utilizaron como fuentes varias notas del sitio oficial de Detroit Pistons.

Iván Fradkin

Lo que mejor hago es escribir. Escribo como el orto.

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